Encontrando a Sugar Man. Nueva York y la música.

Actualizado: 15 de jul de 2019

Si tuviéramos que elegir una banda sonora para nuestro viaje a Nueva York, posiblemente comenzaríamos con alguna pieza de jazz sonando de fondo, cual film de Woody Allen, mientras nos sentamos en un banco del mirador del puente Queensboro, iluminado tal y como aparece en la maravillosa película Manhattan.

El puente Queensboro

SEARCHING FOR SUGAR MAN


Y es que la oferta musical en Nueva York es infinita, así que nos decidimos a aprovecharla al máximo. La primera buena noticia nos la llevamos poco después de comprar los vuelos, cuando curioseando los conciertos que tenían lugar durante nuestra estancia vimos que actuaba Sixto Rodríguez.


Quienes hayan visto el documental "Searching for Sugar Man" habrán entendido rápidamente de que íbamos a hablar en este post. Quienes no lo hayan visto deberían dejar de leer inmediatamente y buscar la manera de verlo cuanto antes, y, por respeto a ellos, no daremos más detalles sobre la historia de este mítico músico de origen mexicano.

Concierto de Sixto Rodríguez

El caso es que su actuación coincidía con nuestra primera noche en Manhattan, en un precioso e íntimo teatro con bancos de madera situado en la New York Society for Ethical Culture. Nos puso la piel de gallina ver como Sixto Rodríguez, pese a su deteriorado estado de salud, derrochaba su rock comprometido y hacía las delicias de los presentes. Fue una forma excepcional y muy emocionante de comenzar el viaje. Tampoco nos podemos olvidar del grupo telonero, tres chicas que estuvieron a la altura del show, pero que, debido al jet-lag, a las horas de cansancio acumuladas y las ganas de ver al artista principal, solo teníamos ganas de que acabaran su espectáculo.


UNA CLASE DE LINDY HOP EN PLENO UPPER WEST SIDE


En el momento de visitar "La Gran Manzana" ya nos había picado el mosquito del Lindy Hop, un estilo de baile que se hizo popular precisamente en Nueva York a finales de los años 20, en una sala llamada Savoy Ballroom, situada en el corazón de Harlem. Precisamente de ella toma el nombre la escuela en la que asistimos a clases en Benimaclet.

Anna en el metro de NYC, de camino a nuestra clase de Lindy Hop

Por ello buscamos la posibilidad de asistir a una clase durante el viaje y la encontramos en un centro de danza en el Upper West Side. Allí, en Steps on Broadway, nos sorprendió casi todo, incluido el estilo tan personal con el que daba la clase el profesor, un tanto extraño para nosotros. Nada que ver con las divertidas clases a las que estamos acostumbrados con nuestros profesores Fran y Valeria.


En las salas contiguas parecía como si estuvieran preparando algún musical, dado el estilo y el nivel tan alto de los bailarines que ensayaban allí. En definitiva, lo pasamos genial adentrándonos en el mundo de la danza a pocas calles del Theater District, ya que durante un par de horas nos sentimos como dos alumnos de la película de los años 80 Fama.


ASISTIR A UN MUSICAL EN BROADWAY


Una de las actividades que no nos podíamos perder en Nueva York era asistir a un musical en Broadway. Tras revisar la oferta completa, que es casi interminable, nos decidimos por Chicago, una obra en la que podíamos disfrutar de unos buenos asientos a un precio razonable y que además es la que más tiempo ininterrumpido llevaba en cartel.

A punto de disfrutar del espectáculo del musical Chicago

El espectáculo, que se representa en el teatro Ambassador, nos pareció de una calidad excepcional, y como todo lo que hacen los americanos, muy enfocado al disfrute máximo por parte del espectador. Las 2 horas y media que duró el musical se nos pasaron como si fueran unos pocos minutos. Salimos del teatro encantados y con ganas de más.


Además, nos reservamos la visita a Times Square para esa noche, para tener una experiencia completa, y nos paramos en uno de los puestos de la ajetreada plaza para observar el movimiento. Cientos de personas se agolpaban en las escalinatas rojas tras la estatua de Father Duffy, y una vez allí sacaban sus palos selfie y se retrataban hasta la saciedad en una de las más míticas plazas de Estados Unidos.

Times Square

Cuando por fin nos decidimos a unirnos a esta muchedumbre, nos dimos cuenta que en ese mismo momento un joven rapero, rodeado de sus amigos, grababa un videoclip en medio de la multitud. No debía ser una situación muy extraña en Times Square, ya que casi nadie se paraba a mirarle, pero nosotros igualmente nos planteamos si la música, que tanto estaba influyendo en nuestra visita a NYC, nos estaba persiguiendo en todas sus formas.


RECORDANDO A JOHN LENNON EN CENTRAL PARK


Entramos en Central Park por el sur, con la idea de pasar un rato tranquilo disfrutando del soleado día recorriendo el que probablemente sea el parque más nombrado del mundo. Pronto empezamos a sentir que la experiencia iba a ir más allá, y es que la música también juega un papel muy importante en el pulmón de Manhattan.

La música nos persiguió también en Central Park

A cada paso subterráneo, a cada sombra que protegía del sol en aquel caluroso día primaveral, un músico callejero trataba de ganarse la vida con su talento en una ciudad en que la competencia en ese sector es feroz. Y que mejor ejemplo que el metro, cuyos túneles son el lugar perfecto para estos aventureros del arte, que buscan llegar a oídos de alguien que lance su carrera al estrellato, o que simplemente buscan ganarse la vida de la forma que más feliz les hace.

Strawberry Fields

Pero en Central Park vivimos el éxtasis de la música callejera. Escuchamos una preciosa versión de la canción Imagine sentados frente al mosaico que domina Strawberry Fields. Esta zona del parque conmemora la vida de John Lennon, uno de los más célebres habitantes que jamás ha tenido el Upper West Side, y que murió asesinado a escasos metros de allí, a las puertas de su casa en el famoso Edificio Dakota.


Fue un momento inolvidable, en el que la calidad de la interpretación poco importaba, ya que el simple hecho de escuchar esa canción generaba un clima indescriptible entre los pocos presentes en el lugar. Continuamos nuestro camino rodeando los lagos del parque hasta salir de él casi a la altura de la Neue Galerie, donde nos despidió del parque un trompetista que, apoyado en la pared de un túnel, compartía sus notas con todo aquel que se cruzaba con él, aprovechando la fabulosa acústica del lúgubre espacio.

Saliendo de Central Park

ESCUCHANDO JAZZ EN VILLAGE VANGUARD


Otra de las actividades que no queríamos dejar pasar en NYC era asistir a un concierto en uno de los numerosos clubs de jazz de la ciudad. Buscamos algo que fuera relativamente económico, y nos decidimos por Village Vanguard, un club fundado en 1935 que además no se encontraba muy lejos de nuestro apartamento en Chelsea.

En Manhattan es posible encontrar todo tipo de espectáculos musicales

Por un precio de 35$ más una consumición obligatoria, pudimos disfrutar de una velada de música en directo en un local con todo el aroma de los clásicos, pero que nos dio la impresión que en la actualidad está algo explotado para darle la mayor rentabilidad, dejando un poco de lado la comodidad de los asistentes.


Esa noche actuaba un trío formado por un pianista, un contrabajista y un batería. Algunos momentos del diálogo entre el piano y la batería resultaron emocionantes, perfectamente acompañados por la luz tenue de la sala. Sin embargo, quizá debido al cansancio o por mi desconocimiento del género, algunas piezas más largas y lentas se me hicieron un poco pesadas, y para ser sinceros di alguna que otra cabezada.


Pese a ello, resultó una experiencia muy evocadora de ese Nueva York de clubs nocturnos que tantas veces habíamos visto en las películas.


DESCUBRIENDO LINCOLN CENTER


Nueva York ofrece cultura más allá de las posibilidades que cualquier persona puede abarcar. Existen opciones sin coste, pero también alternativas para los presupuestos más altos. Uno de los ejemplos más evidentes es el programa del Lincoln Center, un precioso complejo de edificios que alberga diferentes instituciones artísticas.

La preciosa plaza principal de Lincoln Center

El espectacular interior de la Ópera

En sus diferentes teatros y auditorios se puede disfrutar desde ballet u ópera hasta conciertos de música popular o rock. A nosotros nos atrajo mucho su arquitectura, ideada por Robert Moses, un arquitecto funcionario en la década de los 1960s.


El complejo ocupa tres manzanas completas, en los que la amplia plaza principal, encarada a Columbus Ave., destaca por la perspectiva de las columnas de la Metropolitan Opera House tras la enorme fuente redonda en el centro de la explanada.


MISA GOSPEL EN HARLEM


Veníamos algo cansados tras haber corrido una carrera de 5 kilómetros en Prospect Park, en Brooklyn, pero cuando, mientras paseábamos por Adam Clayton Powell Jr Blv., una de las principales arterias del barrio, nuestros oídos escucharon la música en el interior del Greater Refuge Temple y nuestros ojos vieron que en el interior se estaba desarrollando una misa gospel, se nos pasó la fatiga de un plumazo.


No nos pusieron niguna pega para acceder, así que nos hicimos hueco en una de las últimas filas del auditorio, temerosos de interrumpir o incomodar al resto de asistentes. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta que éramos muy bien acogidos y que continuamente entraba y salía gente de la iglesia.

Los momentos álgidos llegaban cuando el pastor alzaba la voz para transmitir con el máximo énfasis su mensaje y, acto seguido, el coro comenzaba a cantar. Algunos de los entregados asistentes entraban en una especie de trance, acrecentado cuando el pastor se acercaba a ellos y les tocaba la cabeza.


Fue una forma increíble de adentrarnos en la cultura de este célebre barrio del norte de Manhattan, viendo como el rito religioso se convierte más que nunca en un evento social y de liberación, en el que, por una vez en este país, la comunidad prima por encima del individuo, y donde disfrutar de la música toma sus connotaciones más espirituales.


Quizá fue casualidad, o puede ser que lo buscáramos casi sin darnos cuenta, pero la realidad es que la música jugó un papel primordial en nuestro recorrido por la que algunos llaman "La capital del Mundo", y creemos que cada nota que escuchamos, cada acorde, sirvió para fijar mejor en nuestra memoria los recuerdos de un viaje inolvidable.

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