4 maneras de vivir Brooklyn, en Nueva York

Actualizado: 21 de may de 2019

Brooklyn es el borough más poblado de Nueva York, con más de 2,5 millones de habitantes. Pese a estar unido a Manhattan por el famoso puente de Brooklyn, este distrito tiene una identidad propia muy arraigada, y la diferencia con el resto de la ciudad se puede percibir nada más te adentras en alguno de sus barrios.


Brooklyn supuso una parte importante de nuestro viaje a Nueva York, lo que nos permitió vivirlo desde distintos puntos de vista. Programamos actividades totalmente variadas que nos llevaron a conocer diferentes zonas, combinándolas con nuestras grandes pasiones viajeras.

Vista de Manhattan desde DUMBO

CRUZAR EL PUENTE DE BROOKLYN Y CONTEMPLAR MANHATTAN DESDE DUMBO

La preciosa simetría del Puente de Brooklyn

Aprovechamos uno de los días más soleados de nuestra estancia en Nueva York para cruzar el icónico puente que une Manhattan con Brooklyn, y fue una de las mejores experiencias del viaje.


Esta obra de ingeniería fue inaugurada en 1883 y destaca por la enorme distancia entre sus dos pilares principales y por el uso del acero en toda la estructura. Está completamente lleno de cables que lo mantienen en pie.


Caminar por el centro del puente de Brooklyn impresiona principalmente por la preciosa simetría entre sus elementos y por las vistas a la Gran Manzana. Además, es muy curioso ver pasar a los coches bajo tus pies, por la carretera que discurre por debajo del paseo central del puente, que incluye un carril bici y una zona para peatones.


Al otro lado del puente se encuentra el barrio de DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), repleto de zonas ajardinadas desde las que contemplar el skyline de Nueva York a escasos metros del agua del East River. En días soleados como el que vivimos nosotros allí, la zona se llena de familias que acuden a pasar el día o hacer un picnic.


No muy lejos de allí, el moderno Empire Stores es un centro comercial lleno de restaurantes, tiendas y galerías de arte, que nos pareció perfecto para hacer un descanso tras la caminata por el puente, antes de adentrarnos en el barrio. En DUMBO nos hacía especial ilusión visitar el cruce de calles más famoso de Brooklyn, el que se encuentra entre Washington St. y Water St., con la fantasía de sentirnos como Robert de Niro en "Once upon a time in America", la excelente película de Sergio Leone, y hacer la célebre foto de la carátula del film.


En la esquina de la calle nos tomamos un helado en un puesto callejero, mientras buscábamos el mejor ángulo para encontrar el Empire State Building entre el acero del imponente pilar del puente, aunque resultó difícil por la neblina que ocultaba el ilustre edificio.

La imagen más icónica de DUMBO

ASISTIR A UN PARTIDO DE LA NBA EN EL BARCLAYS CENTER

NBA en el Barclays Center

No podíamos irnos de nuestra primera visita a Estados Unidos sin disfrutar de un evento deportivo. Tuvimos suerte de coincidir con el último partido de la temporada regular de la NBA en la pista de los Brooklyn Nets.


Pese a que el partido era lo de menos, ya que ni el equipo local ni los Chicago Bulls, los rivales, se jugaban nada más (y nada menos) que el honor, nos sorprendió el show que rodea al deporte americano, y como la cultura del entretenimiento domina el devenir del partido. Esto contrasta con el concepto de deporte competitivo al que estamos acostumbrados en Europa, donde quizá se debería tomar cierto ejemplo de como el espectáculo está enfocado al entero disfrute del espectador.


Sin embargo, nos decepcionó mucho la organización de la entrada al Barclays Center, el moderno pabellón de los Nets, inaugurado en 2012. El exhaustivo control de seguridad contrastaba con el caos causado por los cambios de puerta de acceso y las prisas por acelerar el ingreso de los espectadores debido a la falta de tiempo por una planificación de dudosa profesionalidad.


Eso sí, una vez dentro, la oferta de puestos de comida, la variedad de cervezas y otras bebidas nos quitaron un poco el enfado. Y de paso, como era el día de los aficionados y la despedida del equipo hasta la siguiente temporada, nos regalaron una camiseta conmemorativa a cada uno.


PARTICIPAR EN UNA CARRERA DE 5 KILÓMETROS EN PROSPECT PARK

Anna y yo con las medallas de la 5K de Prospect Park

Como buen aficionado al running, a cada nuevo viaje planificado, una de las primeras cosas que hago es revisar si existe la posibilidad de correr alguna prueba. En este caso, durante nuestra estancia en Nueva York se disputaba una modesta carrera popular en Prospect Park, en el corazón de Brooklyn.


Tras levantarnos cuando aún no había salido el sol y pasar más de una hora en metro, llegamos al punto de partida de esta carrera de 5 kilómetros, en una de las entradas del enorme parque neoyorkino. Nos quedamos algo fríos al llegar allí, no solo por los 3ºC de temperatura, sino porque la carrera era aún más modesta de lo que esperábamos, y escasos 150 corredores esperaban a tomar la salida junto a nosotros.


Todo lo relacionado con la organización nos sorprendió por la falta de control y, en cierto sentido, la improvisación con que se dio la salida. Sin embargo, una vez empezamos a correr, ya nada contaba más que la fuerza que cada uno tuviera en las piernas. A los pocos metros me di cuenta que, a diferencia de lo que me pasaría en España, pocos participantes podían mantener un ritmo realmente rápido, así que era posible pelear por la victoria. Mantuve la tercera posición durante prácticamente la totalidad de la carrera, reservando fuerzas para apretar en el último kilómetro. Sin embargo, este acelerón final solo me sirvió para adelantar el segundo clasificado y quedarme a 45 segundos del ganador.


Por su parte Anna, menos acostumbrada a este tipo de esfuerzos, salió con ciertas dudas, pero acabó disfrutando de los 5 kilómetros y dando las gracias por haberse decidido a correr. Ambos acabamos los primeros clasificados de nuestras respectivas categorías de edad, así que tuvimos que salir al improvisado podio y hacernos una foto con el organizador. Toda una experiencia.

Anna cruzando la meta en Prospect Park

Eso sí, el madrugón y la fatiga cobraron sentido cuando la organización preparó un abundante almuerzo en el que no faltaba de nada. Cargamos fuerzas y regresamos al piso a cambiarnos, ya que ese día teníamos previsto visitar Harlem y asistir a una misa gospel.


RECORRER WILLIAMSBOURG Y VISITAR BROOKLYN BREWERY

La fábrica de Brooklyn Brewery

Nada más salir del metro en Bedford Avenue nos pareció que habíamos cambiado de ciudad completamente. El aspecto hipster de esta calle llena de pequeñas tiendas y restaurantes en los bajos de sus edificios de menos de 2 plantas nos enamoró desde el primer segundo.


Daba la impresión de que esa zona se había puesto de moda entre gente de un rango de edad entre 25 y 35 años.


Entre todas las tiendas, nos atrajo especialmente Martha's Country Bakery, donde compramos unas enormes y deliciosas porciones de Carrot Cake y Cheese Cake. Desde allí continuamos caminando los poco más de 5 minutos que nos separaban de nuestro principal objetivo de la mañana, la fábrica de Brooklyn Brewery. Esta cervecería, que ha experimentado una enorme expansión internacional en los últimos años, ofrece tours gratuitos por sus instalaciones los sábados por la mañana, los cuales incluyen una breve explicación de su historia y su filosofía.


Allí lo pasamos en grande probando algunas cervezas que no habíamos bebido todavía, en un local con un ambiente muy animado, como casi todo lo que encontramos en este barrio.

Ambientazo en brooklyn Brewery

Salimos de Brooklyn Brewery hambrientos, así que decidimos buscar un lugar donde poder comer algo contundente, y lo encontramos a 15 minutos de allí, en un sports bar llamado Croxley's Ale House, cuya especialidad son las alitas de pollo, pero del que damos fe que también preparan unas hamburguesas excelentes.


Una vez con el estómago lleno, completamos nuestro día en Williamsbourg con una paseo por el McCarren Park, donde los campos de béisbol estaban llenos de equipos de chavales que practicaban o se preparaban para disputar algún partido. Desde luego, si una cosa podemos decir de este barrio es que la gente disfruta de los espacios abiertos y que la falta de alternativas al aire libre no puede ser una excusa para no salir de casa.


Aprovechamos la cercanía para conocer de la misma manera el barrio de Greenpoint, colindante con Williamsbourg. Una zona más tranquila, dominada por comercios polacos.

¿"Bigger is better" o "Less is More"?

Tras todas estas experiencias, tanto Anna como yo coincidimos en que había sido una buena decisión tratar de conocer Brooklyn, pero que no habíamos tenido tiempo suficiente como para hacerlo a fondo. Alojarnos allí sería una gran opción si regresáramos a Nueva York en el futuro (esperamos que así sea).


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