Fuerteventura, naturaleza virgen en la isla del viento

Nuestro viaje a Fuerteventura, en las Islas Canarias, fue un ejercicio de adaptación, y es que esta isla tienes que aprender a quererla poco a poco. Si te quedas con las primeras impresiones nunca llegarás a disfrutar de ella como hicimos nosotros. ¿nos acompañas a redescubrirla?


Fuerteventura nos fue enamorando poco a poco

Para nosotros hay una cuestión innegociable, y es que la mejor época del año para ir a Canarias es el inicio del otoño, en los meses de octubre y noviembre, cuando el extraordinario clima canario sigue permitiendo disfrutar de la naturaleza y de algunas de las mejores playas de España, pero el volumen de turismo ha decaído considerablemente.


En el raro año 2020, en el que la pandemia del Covid 19 ha condicionado tanto nuestros movimientos, Fuerteventura nos pareció el destino ideal para nuestras vacaciones. Tras nuestro anterior viaje a Lanzarote, las expectativas eran similares por el tipo de isla al que volábamos, pero nos encontramos algo completamente diferente.


Nos encontramos con lugares totalmente aislados de la civilización

Fuerteventura es la más virgen y salvaje de las islas que hemos visitado en Canarias, pese a que tiene dos o tres zonas muy degradadas por la construcción masiva y el turismo. La isla está dividida en 6 municipios, así que vamos a contarte nuestro viaje recordando lo que más nos gustó y lo que recomendamos ver de cada uno de ellos.

LA OLIVA


La Oliva es el municipio más al norte de la isla de Fuerteventura, probablemente al que más tiempo dedicamos debido a la calidad de sus playas y la belleza de sus espacios naturales.


El norte de la isla de Fuerteventura es una maravilla

La experiencia más recomendable en La Oliva es la visita al Islote de Lobos, una pequeña isla inhabitada a la que se puede acceder en barco desde el Puerto de Corralejo. Antes de ir tuvimos que informarnos sobre el permiso necesario para visitar la isla, ya que para preservarla, la cantidad de visitantes diaria está limitada.


Hacer una ruta de senderismo por el islote de Lobos es toda una experiencia

Una vez en el islote, comenzamos a caminar por el sendero que rodea y recorre todos los rincones de Lobos. Paramos en unas antiguas salinas justo antes de subir a lo más alto de la Montaña de la Caldera, un espectacular volcán desde el que teníamos una perspectiva privilegiada tanto del islote en sí, como de la costa norte de Fuerteventura y sur de Lanzarote. Un lugar privilegiado en el que nos hubiéramos quedado horas.


Las aguas de la Playa del Puertito de Lobos no podían ser más cristalinas

Seguimos recorriendo el sendero hasta el punto más cercano a Lanzarote, donde un faro nos proporcionó algo de sombra para hacer una breve pausa. Regresamos por el otro lado de la isla, hasta el Puertito de la Isla de Lobos, donde encontramos una pequeña pero hermosa playa de agua cristalina. En ella nos dimos el primer baño del día antes de regresar a Fuerteventura.


Las Dunas de Corralejo son inmensas

Nada más bajamos del barco que nos llevó de vuelta a Corralejo sabíamos cuál era nuestro siguiente destino. Tras la caminata que nos habíamos pegado necesitábamos un poco de relax, y lo encontramos en las Dunas de Corralejo, otro de los espacios que la naturaleza ha ido creando con el paso de los siglos para convertirlo en una verdadera maravilla.


Nos sorprendió la violencia con que las olas golpeaban la costa a escasos metros de la orilla, pero más aún la belleza de esta enorme playa de arena fina blanca y los tonos del agua, con preciosos variantes cromáticas de azules y verdes.


¡Qué bueno estaba el queso majorero que compramos en una quesería artesanal!

Para despedirnos de Corralejo decidimos hacer una parada muy especial en una de las muchas queserías artesanales de la isla, cuyo producto estrella es, cómo no, el delicioso queso majorero. En Quesos Artesanos Abuelo Prudencio hicimos acopio de todo tipo de versiones de este manjar, todos ellos elaboradoras a partir de leche cruda. Además, nos los envasaron al vacío para que llegaran en perfectas condiciones de vuelta a Valencia.


Popcorn Beach, el paraíso de los instagramers

Otro de los lugares que teníamos marcado en el plan de viaje como imperdible era la conocida "Popcorn Beach". Nos la habían recomendado nuestros amigos más instagramers, así que nos acercamos a esta curiosa playa cubierta de lo que a primera vista parecen palomitas de maíz, pero nada más lejos de la realidad. En realidad son rodolitos, restos de algas calcáreas que otorgan al lugar un aspecto muy peculiar.


Un poco más al interior, cerca del pueblo de Lajares, que destaca por el sencillo diseño y el estilo de sus casas bajas, hicimos una ruta de senderismo que nadie debería dejar pasar. La subida al Calderón Hondo está muy bien condicionada, y la recompensa de poder ver el interior del volcán desde lo más alto bien merece la pena el esfuerzo.


Ver Lanzarote desde lo alto del Calderón Hondo nos trajo muy buenos recuerdos

Desde allí arriba vimos a lo lejos el que sería nuestro siguiente destino, el que sirvió de punto de partida de nuestro recorrido por la costa oeste del municipio de la Oliva, mucho más tranquilo y virgen que lo que habíamos visto en Corralejo. Comenzamos en el Faro del Tostón, un lugar en el que sentimos la violencia del océano con mucha más intensidad.


Sin embargo, amparados entre las rocas de Caleta Marrajo encontramos una pequeña cala que resultó ser un refugio de auténtica paz y tranquilidad, aislados de las olas y del fuerte viento que da nombre a la isla.


Los alrededores de El Cotillo están llenos de lugares interesantes

Pero de pronto nos dimos cuenta que la marea subía, y nuestro espacio iba a desaparecer engullido por el agua, así que no tuvimos más remedio que trasladar nuestro campamento a la Playa de la Concha, mucho más concurrida, aunque igualmente bonita. El Castillo del El Cotillo también resultó ser un lugar ideal en el que sentarse a contemplar la inmensidad del Atlántico.


Mucho más inhóspitas son las playas de Tebeto o del Águila. A esta última, únicamente se puede acceder por una escalera que parece que va a derrumbarse en cualquier momento. Pese al viento que azotaba con fuerza, una enorme pared nos protegía de sus efectos, así que allí disfrutamos de un rato de descanso antes de continuar con nuestro viaje.


La montaña sagrada de Tindaya

Y qué mejor manera de seguir que haciendo una parada cerca de la Montaña de Tindaya, un lugar sagrado para los majoreros, fruto de veneración y polémicas a partes iguales. En la actualidad no es posible acceder a ella por el sendero habilitado, ya que se están llevando a cabo actuaciones para convertirla en un lugar que se pueda visitar de forma sostenible. Pero hay que reconocer que sólo verla desde cerca ya impresiona.


En camino hacia el Barranco de los Enamorados

Cerca de la costa también está ubicado el Barranco de los Enamorados, un lugar al que se accede a pie por un camino no asfaltado (te recomiendo ir con zapato cómodo). Quizá por ello sea uno de los secretos mejor guardados de Fuerteventura. Te adentras poco a poco en un paisaje plagado de formaciones rocosas de lo más originales y restos fósiles. La forma en que la roca ha quedado curiosamente erosionada se debe a antiguas acumulaciones de arena bajo el mar, que posteriormente han quedado al descubierto por el descenso en el nivel del mismo. Este lugar está declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Paleontológica.


Los Molinos de Villaverde vigilan la zona desde las alturas

Para concluir con el recorrido por La Oliva, qué mejor que acercarse al pueblo que da nombre al municipio, donde vale la pena dar un paseo por los alrededores de la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria.


Sobre todo nos encantó visitar los cercanos Molinos de Villaverde, uno de los más bellos exponentes de otro de los símbolos de la isla de Fuerteventura.


Estos tres molinos destacan principalmente por su ubicación en lo más alto de un montículo, observando a las cercanas poblaciones desde las alturas.


En Fuerteventura también aprendimos que no solo existen los molinos, sino también las molinas, que se diferencian de los anteriores por la separación entre la maquinaria y la edificación, que consta de una sola planta rectangular y no circular, lo que permite realizar todos los trabajos en un mismo espacio.


Dónde comer en La Oliva:

  • El Goloso de Lajares, Lajares: perfecto para un tentempié tras una ruta de senderismo. Zumos naturales y dulces caseros exquisitos.

  • Los Podoformos, Tindaya: un restaurante a los pies de la montaña sagrada, excelentes platos elaborados con carne de cabra y vistas espectaculares.

  • Restaurante Avenida, Corralejo: comida típica canaria, raciones abundantes y precios muy ajustados.


PUERTO DEL ROSARIO


Este municipio toma su nombre de la capital de Fuerteventura, antiguamente conocida como Puerto Cabras. Allí fue donde decidimos hacer base por su ubicación en el centro de la isla, su amplia oferta de restaurantes y su cercanía con el aeropuerto. Al principio nos generó algunas dudas esta decisión, pero la verdad es que fue un acierto, ya que es una ciudad tranquila en la que encontramos algunos de los mejores restaurantes del viaje.


Puerto del Rosario fue la base ideal para explorar Fuerteventura

Pese a no ser la zona más turística de la isla, la ciudad esconde algunos pequeños tesoros que merece la pena conocer, especialmente en la zona más cercana a la costa.


Una de las primeras cosas que hicimos fue acercarnos al Parque de Playa Chica, un bonito paseo construido en un entrante hacia el océano.


Al final del mismo, junto a uno de los muchos esqueletos de cetáceos expuestos a lo largo de la isla, en lo que se hace llamar la Senda de los Cetáceos, nos sentamos a contemplar la aparente tranquilidad del Atlántico.


El paseo junto a Playa Chica fue muy agradable

Muy cerquita, en paralelo al puerto, paseamos junto a un conjunto de esculturas y nos dejamos perder por unas escaleras que subían a la parte alta de la ciudad junto a una plaza llena de curiosos murales.


Nada más atravesar un par de estrechos callejones, nos encontramos de frente con la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, una pequeña pero bonita iglesia ubicada en el centro de la plaza.


Miguel de Unamuno es un personaje de gran importancia en la isla

Frente a ella, custodiada por una estatua del propio autor, se encuentra la Casa Museo de Miguel de Unamuno, que conserva objetos y manuscritos del periodo de cuatro meses en que el escritor fue desterrado a la isla por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Fue breve, pero la isla marcó al escritor bilbaíno y viceversa, y es algo que pudimos notar durante todo el tiempo que pasamos en ella.


Al norte de Puerto del Rosario encontramos un lugar muy tranquilo

Justo al norte de la ciudad, un poco más allá del enorme Faro de Punta Gavioto, fuimos a dar un paseo en las últimas horas de uno de los días del viaje.


Fue allí, junto a unos antiguos hornos de cal abandonados, donde nos llevamos una de las sorpresas del viaje. En el borde del sendero por dónde caminábamos encontramos un mojón del Camino de Santiago que indicaba que la Plaza del Obradoiro, donde entramos unos meses antes tras 6 días de caminata, quedaba a nada menos que 2.355,6 km.


¿El Camino de Santiago aquí?

Pero Puerto del Rosario también tiene salida a la costa oeste de la isla, donde esconde pequeños tesoros como el Molino de Tefía, uno de los más bellos que vimos en la isla, y que se cruzó en nuestro camino de casualidad cuando conducíamos hacia el Puertito de los Molinos para ver la puesta de sol.


En Puertito de los Molinos encontramos un lugar mágico. Una playa apartada de todo, un pequeño chiringuito, algunos animales que campaban a sus anchas y un espectacular cielo rojizo que nos deslumbraba.


En Puertito de los Molinos disfrutamos de un atardecer mágico

Otra de esas playas apartadas de la civilización es la Playa de Jarugo, otro ejemplo de cómo se puede formar un pequeño paraíso entre acantilados y un océano por momentos agresivo.


La Playa de Jarugo es otro ejemplo de lo que te puedes encontrar en la costa oeste de Fuerteventura

El último día de nuestro viaje de una semana por Fuerteventura, decidimos contratar una clase de surf en una escuela de Corralejo y pasar la mañana cogiendo olas, o eso suponíamos.


Cargamos nuestra tabla y el neopreno en la clásica furgoneta surfera para conducir hasta Playa Blanca, dónde, al parecer, se daban las condiciones idóneas para unos principiantes como nosotros.


Fue una experiencia apasionante, muy aconsejable, aun sin haber surfeado ni una sola ola, ya que David, el profesor, nos hizo pasar momentos muy divertidos. Anna sí consiguió ponerse de pie en la tabla un par de veces, lo que no está nada mal para una primera vez.


Dónde comer en Puerto del Rosario:

  • La Jaira de Demian, Puerto del Rosario: posiblemente el mejor restaurante que encontramos en la isla. Delicioso.

  • Arepas Llaneras Venezolanas, Puerto del Rosario: un pequeño local donde probamos excelente comida venezolana.

  • La Despensa de María, Puerto del Rosario: un trato excelente y una carta con platos apetitosos y saludables.


BETANCURIA


Betancuria, con menos de 1.000 habitantes, es el municipio menos poblado de Fuerteventura debido a su situación entre montañas escarpadas. Sin embargo, tiene rincones que hacen que nadie deba irse de la isla sin pasar por allí.


Quizá por ello fue el lugar elegido para algunas de las localizaciones de la película La isla del viento, que cuenta la breve pero intensa estancia de Unamuno en la isla.


Nada más cruzar las montañas hacia Betancuria te das cuenta que esta zona de la isla tiene algo diferente

Para llegar a su principal población hay que cruzar una carretera de montaña que, en su parte más elevada, tiene un espectacular mirador desde el que se ve media isla. No tuvimos suerte en ninguna de las dos visitas al Mirador de Guise y Ayose, ya que en ambos casos la niebla deslucía un poco las vistas, pero igualmente nos dimos cuenta de lo impresionante del lugar.


Desde el Mirador de Guise y Ayose se puede ver media Fuerteventura

Desde el mirador hasta el pueblo de Betancuria no hay más que cinco minutos en coche. Es una de las poblaciones con más encanto de la isla, rodeada de montañas y con una preciosa plaza de casas blancas y arquitectura clásica majorera.


Además, se localiza en la parte más húmeda de Fuerteventura, lo que le da un aspecto ligeramente más verde al entorno.


Un poco más al oeste encontramos otro lugar especial para ver una puesta de sol. Junto a la pequeña Playa del Valle nos topamos con unas piscinas naturales volcánicas llamadas Aguas Verdes.


Aguas Verdes fue un enclave perfecto para disfrutar de una tranquila puesta de sol

En una de las múltiples rocas nos sentamos a observar y escuchar como golpeaba el Atlántico contra ellas, llenando las piscinas de agua y espuma, mientras el sol caía en el horizonte, regalándonos uno de esos portentosos atardeceres de Fuerteventura.


Así de bonito se vio caer el sol en el horizonte

Dónde comer en Betancuria:

  • La Sombra, Betancuria: entre varios locales muy turísticos encontramos este restaurante donde comimos buenas hamburguesas en un ambiente muy balinés.


ANTIGUA


Cuando aterrizamos en Fuerteventura nos vimos sorprendidos por un fenómeno poco común en la isla, la lluvia. Por ello decidimos dedicar esa primera tarde a conocer la zona más interior.


Molino de la Corte, Antigua

Comenzamos por Antigua, la ciudad que da nombre al municipio. Empezamos a familiarizarnos con algunos de los elementos que nos acompañarían el resto del viaje. En primer lugar visitamos el Molino de la Corte, el primer ejemplo que vimos de estas construcciones que se han convertido en uno de los principales patrimonios de Fuerteventura.


En segundo lugar nos acercamos al Museo del Queso Majorero, donde aprendimos sobre la producción de este exquisito producto exclusivo de la isla, así como de las cabras majoreras, de las que se extrae la leche para elaborarlo. Este queso nos enamoró desde el primer momento, y no nos cansábamos de probarlo allá donde parábamos a comer.


La cabra majorera es uno de los animales de la isla

En el interior del museo paseamos también por un bonito jardín de cactus, un lugar que nos hizo recordar nuestra visita a Lanzarote y toda la arquitectura de César Manrique.


En las Salinas del Carmén aprendimos mucho sobre el preciado condimento que tanto ayudo al desarrollo de la isla

Un poco más al este, pegado a la costa, disfrutamos del Museo de las Salinas del Carmen, donde vimos de primera mano como se extraía, y en algunos casos se sigue extrayendo, la sal de Fuerteventura, fuente de una de las épocas de mayor crecimiento de la isla. Pero además, tuvimos la opción de ver una enorme colonia de ardillas, otro de los animales autóctonos, que jugueteaban a pocos metros de las salinas.


Cientos de ardillas jugueteaban por los alrededores de las Salinas del Carmen

Un poco más al sur, justo al borde del Monumento Natural de los Cuchillos de Vigán, encontramos un lugar muy curioso llamado el poblado de la Atalayita. Llegamos pensando que encontraríamos otros visitantes, pero no vimos más que un par de cabras majoreras deambulando por este yacimiento arqueológico perdido en medio de la nada, en la parte baja del Valle de Pozo Negro.


Encontramos el Poblado de la Atalayita totalmente desierto

Esta soledad nos incitó a seguir conduciendo hacia el océano por la estrecha carretera que nos había llevado allí, y eso nos guió hasta Pozo Negro, un pequeño y tranquilo poblado de pescadores en el que tomamos un café mientras nos dejábamos hipnotizar por el sonido de las olas golpeando la desierta playa de piedras negras.


Pozo Negro fue otro rincón que no conocíamos y nos dejó encantados

TUINEJE


Al otro lado de las escarpadas rocas del Monumento Nacional de los Cuchillos de Vigán, en el municipio de Tuineje, otra de esas carreteras de Fuerteventura que parece que serpentean hacia el infinito, nos llevó a un lugar mágico.


El Faro de la Entallada está enclavado en lo alto de una colina desde la que nace un vertiginoso acantilado. En días de viento fuerte como en el que nosotros fuimos, la sensación de que vas a salir volando hacia el Atlántico es todavía más impresionante.


El Faro de la Entallada nos sorprendió como un lugar solitario al final de una carretera que parecía no conducir a ningún sitio

Curiosamente, a escasos kilómetros de un lugar tan remoto nos topamos de bruces con dos poblaciones llenas de edificios de apartamentos, campos de golf y construcciones inacabadas.


Gran Tarajal está repleto de murales en muchos de sus edificios

Gran Tarajal y Las Playitas no quedaron en nuestra retina como los lugares más bellos de Fuerteventura, pero aún así dedicamos un rato a cada uno de ellos. En Gran Tarajal encontramos una bonita playa de arena y un paseo marítimo lleno de edificios decorados con murales y arte callejero.


Las casas de Las Playitas van trepando por una pequeña colina

En Las Playitas, por otro lado, dimos una vuelta por su paseo marítimo, desde donde pudimos disfrutar de un pequeño puerto de pescadores y de una zona antigua de casas blancas y laberínticas calles.


Dónde comer en Tuineje:

  • Casa Víctor, Las Playitas: un oasis entre todos los restaurantes turísticos de la zona. Ideal para comer una buena fritura de pescado acompañada de queso majorero rebozado.


PÁJARA


En el sur de la isla, el municipio de Pájara es una sucesión de contrastes. En él puedes pasar, en pocos minutos, de los espacios más vírgenes y recónditos a las mayores aglomeraciones de apartamentos y hoteles pensados para turistas extranjeros.


Sin embargo, es imposible llegar a comprender la belleza de la isla de Fuerteventura sin explorar esta zona.


Pájara esconde maravillosos secretos naturales

Comenzamos el recorrido fuera de la Península de Jandía, en la parte norte del municipio. Muy cerca de un pequeño pueblo llamado Vega de Río Palmas aparcamos nuestro coche alquilado y comenzamos a adentrarnos en la naturaleza para hacer una ruta de senderismo.


Inicialmente el camino flanqueado por palmeras no nos mostraba nada destacable. Sin embargo, en cuanto giramos a la derecha y nos adentramos en el Barranco de las Peñitas, un asombroso paisaje lleno de rocas lijadas por la erosión del viento y el agua, así como algunas piscinas naturales nos hicieron cambiar de opinión.


Vaya grata sorpresa nos llevamos en el Barranco de las Peñitas

Continuamos caminando hasta llegar a la blanca Ermita de las Peñitas, e incluso a un mirador al final del camino desde donde observamos la costa oeste de la isla.


La zona sur de la isla, es incluso más desértica y escarpada

De ahí nos desplazamos a otra de las maravillas naturales de Fuerteventura, las Cuevas de Ajuy. Otro monumento natural que nos permitió viajar a los orígenes de las Islas Canarias, hace unos 70 millones de años.


Caminamos por un sendero y, tras una zona anteriormente usada para la obtención de cal, llegamos a las cuevas, unas misteriosas formaciones en el interior de la roca cuyo oscuro final nos resultaba invisible. Nos deleitamos viendo como la potencia del Atlántico, una vez más, golpeaba dichas rocas, levantando espuma varios metros por encima de nuestras cabezas.


En las Cuevas de Ajuy pudimos comprobar la fuerza del Atlántico

Para concluir ese día, y tras un breve paso por la población de Pájara, nos tumbamos en la Playa de la Solapa. La fuerza del océano nos disuadió de bañarnos, pero aún así pudimos pasear por la orilla de arena negra tan fina y movediza que prácticamente se nos tragaba.


La fina arena de la Playa de la Solapa se nos tragaba

El penúltimo día de viaje lo teníamos reservado para la recóndita Península de Jandía. Fue el trayecto más largo en coche, ya que tardamos algo más de una hora en llegar desde Puerto del Rosario hasta el Mirador de la Playa de Cofete.


El Mirador de Cofete es uno de los lugares más bellos de Fuerteventura

Fue en ese mirador, tras más de 10 kilómetros transitando por carreteras de piedras llenas de curvas, donde nos dimos cuenta que el esfuerzo había valido la pena. La vista de la escarpada montaña descendiendo de manera abrupta hacia la inexplorada Playa de Cofete hasta unirse de manera suave con el Océano Atlantico se queda grabada en cualquier retina.


Vaya misterios esconde la Villa Winter

Entre toda esa naturaleza, nuestros ojos se fijaron en un caserón en medio de la nada. La Villa Winter nos esperaba con su halo de secretismo y sus leyendas relacionadas con los submarinos nazis, operaciones de cirugía, militares, espías y demás historias de la Segunda Guerra Mundial. Entramos en su interior tras dejar la voluntad en la puerta a Pedro Fumero, quien custodia y reside en la casa.


Deambulamos por sus vetustas estancias, llenas de objetos antiguos y documentos que supuestamente acreditan la relación de la casa con el nazismo. En palabras del escritor Alberto Vázquez Figueroa: “A nadie se le ocurre hacer un caserón como aquel en un lugar tan perdido. Si ahora para llegar te juegas la vida, en los años 40 debía ser mucho más peligroso. Algo muy importante tenían que esconder para construir ese monstruo en un sitio absolutamente inaccesible”. Cada uno que lo interprete como crea. A nosotros nos encantan los misterios.


Bajamos hasta la playa y dimos un breve paseo junto al Cementerio de Cofete, un lugar que parece abandonado, pero que no hizo más que alimentar nuestra sensación de misterio. Tratamos de grabar en nuestra memoria la belleza de aquella enorme playa antes de tomar el camino de regreso, de nuevo por caminos de piedras.


La Playa de Cofete es un monumento natural que esperemos que siga así de virgen mucho tiempo

Paramos a tomar algo junto al Faro de Morro Jable, un lugar saturado de complejos hoteleros y clínicas dentales para turistas centroeuropeos, antes de continuar nuestra ruta de vuelta hacia el norte. Hicimos una parada en la preciosa Playa de Sotavento, donde la dirección del viento convertía el agua del Atlántico en una balsa de aceite. Repentinamente ese mismo viento se volvió tan fuerte que no pudimos quedarnos mucho más rato.


Por ello, en ese momento, cansados tras un día de mucho coche y carreteras incómodas, estuvimos a punto de dejarnos llevar hacia el apartamento, pero siempre hay premio para el que busca un poco más, y la suerte nos hizo parar en la Playa de La Pared.


La Punta de Guadalupe fue un gran final para un día de visita a la Península de Jandía

Escondida tras un pequeño montículo nos esperaba la solitaria y preciosa Punta de Guadalupe. Este saliente rectangular, elevado más de 15 metros sobre el nivel del mar, nos permitió caminar sobre el océano como si estuviéramos en la cubierta de un enorme transatlántico. El cierre ideal para un día lleno de emociones.


Dónde comer en Pájara:

  • La Jaula de Oro, Ajuy: pescadito frito ("vieja" es un pescado típico de la isla) y buenas tapas frente a playa de Ajuy. Un lugar magnífico para repostar tras una mañana de senderismo.

  • Restaurante Marabú, Esquinzo: una carta de calidad basada en productos locales y servida con mucha elegancia.


Fuerteventura es una isla que aprendimos a querer con el paso de los días, hasta quedar totalmente enamorados de sus carreteras de piedras, de sus playas semi desiertas, de su gastronomía y de los monumentos naturales que esconde en los rincones más inesperados.


Como punto negro, creemos que la isla debería apostar más por arquitect@s que traten de respetar el enclave donde se ubican sus enormes complejos hoteleros, ya que en algunos casos rompen estrepitosamente con la estética de su entorno. Un buen ejemplo de ello es el Hotel Tres Islas de Miguel Fisac, en Corralejo.


Como resumen, esta isla es mucho más que tirarte en la toalla frente a una playa paradisíaca. Si además tienes la suerte, como tuvimos nosotros, de visitarla sin el turismo de masas, es un lujazo poder disfrutar de ella en esas condiciones.


Sin duda, es un lugar en el que podríais encontrarnos si algún día decidimos escaparnos sin dejar rastro.

En el siguiente mapa te dejamos los mejores lugares que visitar en la isla de Fuerteventura.



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