Ruta en furgoneta por el norte de España. León, Asturias y Cantabria

Actualizado: may 13

Alquilar una furgoneta de nueve plazas y hacer un road trip de una semana entre amigos ya suena divertido de por sí. Si además escoges como destino de tu ruta el norte de España, se convierte en perfecto. Nuestro itinerario a través de León, Asturias y Cantabria tuvo de todo, cultura, naturaleza, deporte, gastronomía, arquitectura, playa, y sobretodo muchas risas.


La furgoneta fue nuestra gran aliada en este road trip por el norte de España

LEÓN


La primera etapa del viaje, tras arrancar desde Valencia y hacer una parada en Madrid para recoger a la primera pareja que se unió al convoy, nos llevó a León. Era la segunda ocasión que visitábamos esta bonita ciudad en escasos 9 meses, así que no nos fue difícil saber hacia dónde teníamos que dirigirnos tras dejar las pesadas maletas en el piso que habíamos alquilado.


Después de un breve paseo por la Plaza Regla, donde se ubica la bella catedral gótica, nos dirigimos hacia el Barrio Húmedo, más concretamente a la Plaza San Martín. Esta alargada plaza nos recibió repleta de gente, algo normal en un sábado veraniego. Allí hicimos un tour probando las tapas más famosas de algunos de los míticos locales.


Imposible olvidar las patatas con panceta de La Competencia, las croquetas de El Rebote, el embutido de Entrepeñas o la crema de morcilla de La Bicha, donde repetimos más de una vez a lo largo del fin de semana.


El Barrio Húmedo, León

La cultura de invitar a una tapa con cada bebida llega a tal punto en esta ciudad que, en el local donde fuimos a tomar una copa tras la cena, el Molly Malone's, nos invitaron a un helado a cada uno con la consumición. Una sorpresa, que como no, fue muy bien recibida.


Pese a que esa primera noche nos acostamos bastante tarde, a la mañana siguiente nos despertamos animados para visitar los lugares más emblemáticos de la población.


Comenzamos, como no, por la Catedral de León, el símbolo de la ciudad. Este templo, construido entre los siglos XIII y XIV tiene una ubicación privilegiada, en una plaza amplia que permite contemplarla en todo su esplendor. Ya en el interior, la primera impresión es de grandeza, ya que el espacio diáfano es más grande de lo que parece desde fuera. Pero si hay algo que destaca por encima de todo es la complejidad de sus vidrieras. El camino de vuelta a la puerta principal te permite descubrir el bonito órgano que se encuentra justo debajo del rosetón.


Casa Botines, León

Caminamos por la Calle Ancha, en la que llaman la atención sus cuidados balcones llenos de macetas de plantas florales, hasta Casa Botines, del arquitecto catalán Antonio Gaudí. Su fachada neogótica resulta espectacular, pero no lo es menos su exposición interior, donde se muestran multitud de elementos que recuerdan los distintos usos que ha tenido el edificio a lo largo de su historia.


La Escalera de la Vida, León

Desde allí dimos un tranquilo paseo hacia la zona más moderna de la ciudad, con la idea de ver el MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), un edificio de Mansilla + Tuñón Arquitectos que ha recibido multitud de premios, entre ellos el Premio Mies Van de Rohe de arquitectura en 2007. Pasamos un buen rato capturando instantáneas de sus fotogénicas fachadas acristaladas en colores vivos, inspirados en las vidrieras de la catedral a modo de píxeles, que habíamos visto previamente.


El enorme Convento de San Marcos, convertido en la actualidad en uno de los Paradores de Turismo de España, nos indicó el camino hacia el río Bernega, en paralelo a cuyo cauce dimos un agradable paseo a la sombra, dirigiéndonos de nuevo hacia el centro de la ciudad, donde llegamos tras una breve parada en la Escalera de la Vida, llena de consejos escritos sobre escalones pintados de diferentes colores.


ASTURIAS


Abandonamos León en dirección al Aeropuerto de Asturias, donde íbamos a recoger a otros dos amigos que se unían al viaje en ese punto. Tras aparcar nuestra furgoneta y dejar las maletas en el alojamiento de Gijón, caminamos hacia la Playa de San Lorenzo, donde iniciamos un precioso recorrido por la ciudad, sin dejar de perder de vista el mar en casi ningún momento.


Vistas al mar en Gijón

Al final del paseo marítimo dejamos a la izquierda las Termas Romanas para bordear la Iglesia de San Pedro, por una empinada calle que nos llevó a un verde y abierto parque en la parte más elevada de Gijón, la Bateria Alta de Santa Catalina. Casi sin quererlo acabamos bajo el Elogio del Horizonte, una enorme escultura de Eduardo Chillida que, en lo alto del acantilado, te atrapa en su interior, amplificando el sonido de las olas.


Bajamos por el otro lado de la Península de Santa Catalina, con bonitas vistas a la Playa de Poniente y el Puerto Deportivo. Cerca, en un bar llamado Las Caracolas, nos paramos a disfrutar de unas zamburiñas y una sidra que estaban bien sabrosas, aunque nos salieron un poco más caras de lo esperado. Escarmentados y con el apetito abierto, nos dejamos de experimentos y acudimos al concurrido restaurante Tierra Astur. Allí, dentro de un gigante barril de sidra, comimos hasta que ya no podíamos más, unas exuberantes bandejas de carne y verdura a la brasa, por supuesto regadas con excelente sidra, la bebida local.


El paseo marítimo de Gijón

Tras el festín, necesitábamos andar un poco, así que regresamos por el paseo marítimo hacia el centro, parándonos ante las Letronas de Gijón y el Árbol de la Sidra, dos esculturas que llaman la atención en el camino.


Para los cerveceros, es imprescindible pasarse por la céntrica tienda Sr. Lúpulo, donde se puede elegir entre una gran variedad de cervezas artesanales de tirador y tomarlas en el mismo local.


Para terminar el día más gastronómico del viaje, cenamos el famoso cachopo en el restaurante La Tropical, a pocos metros de la Playa de San Lorenzo. Aunque estaba buenísimo, casi no teníamos espacio en el estómago, así que nos llevamos parte del banquete para el almuerzo del día siguiente que nos pillaría en una ruta de senderismo.


Y es que Asturias ofrece alternativas para todos los gustos, así que buscamos una ruta a pie que nos permitiera disfrutar del entorno natural privilegiado de esta región. Condujimos hasta el parking de las Xanas, a escasos 25 minutos de Oviedo. Lamentablemente, la ruta que queríamos hacer por el desfiladero estaba cerrada, así que tuvimos que cambiar el plan y hacer el camino que supuestamente iba a ser el regreso de nuestro recorrido circular, pero en sentido opuesto.


Ruta de senderismo hasta Pedroveya

Cruzamos zonas frondosas y muy húmedas, algunos prados y una pequeña población rodeada de vacas pastando hasta llegar a Pedroveya, una aldea prácticamente aislada donde la única opción para comer era un restaurante llamado Casa Generosa. Y bien que hacía honor a su nombre. Casi sin preguntar nos sacaron un menú a base de platos típicos asturianos, como la fabada o el pote, a modo de buffet libre, para luego continuar con platos de carne y postres caseros. Y todo esto regado con sidra bien fresca, ocasión ideal para practicar nuestra habilidad en el arte de escanciar.


Posiblemente recordaremos ese rato como uno de los mejores del viaje. La comida resulto más que exquisita, y la tranquilidad que nos rodeaba nos hizo disfrutar al máximo. El tiempo voló, y sin darnos cuenta habíamos pasado casi toda la tarde allí, así que dos de nosotros bajamos hasta el coche haciendo un poco de trail running, en algunos tramos entre caballos, para luego subir a por el resto y volver al apartamento en Gijón. Sin duda, una experiencia para recordar.


Pero antes de llegar, decidimos desviarnos ligeramente y tomar un helado en Luanco, donde destaca la bonita iglesia de Santa María de Luanco, ubicada frente al puerto, en el inicio del paseo, y donde cientos de personas disfrutaban del buen tiempo en la preciosa playa de arena fina de esta pequeña localidad costera.


El día siguiente teníamos prevista otra de las actividades estrella de la semana, el descenso del Sella. Contactamos con una empresa llamada Jaire Aventura, cuya organización fue muy buena. El recorrido, lleno de gente, fue de lo más animado, ya que a cada pocos minutos aparecía un chiringuito donde se podía parar a tomar una sidra y un plato de embutido o una tapa. Por supuesto, no perdonamos casi ninguno de estos chiringuitos, donde el ambiente y la música invitaban a quedarse todo el día.


Descenso del Sella

Con tanta parsimonia nos lo tomamos, que tardamos casi 5 horas en recorrer los escasos 15 kilómetros que nos separaban del final del recorrido. Y aún así nos libramos de la tormenta que se inició justo cuando nos subimos a la furgoneta. Viendo como estaba el tiempo acordamos dirigirnos a un supermercado cercano a nuestro siguiente destino, una casa rural en Poo de Cabrales. Compramos un buen queso y algunas provisiones más y nos preparamos la cena en casa, escuchando el ruido de la lluvia en el exterior.


Trail Running por los alrededores de Poo de Cabrales

Tras la noche de descanso, nos levantamos con ganas de emociones fuertes, así que algunos de nosotros salimos a primera hora, con la niebla y el fresco todavía presentes, a hacer algo de deporte por las montañas cercanas. Tras 8 kilómetros y casi 400 metros de desnivel, concluimos que era suficiente, y nos acercamos al Río Casaño a meter las piernas en el agua casi helada para tratar de reducir al máximos los efectos del esfuerzo que habíamos realizado.


Una vez duchados, pudimos por fin dar una vuelta por Poo de Cabrales y apreciar las cuidadas casas de piedra perfectamente adornadas con flores en su exterior. Destacaba entre las casas el típico hórreo asturiano, una construcción elevada por cuatro pilares destinada al almacenaje de alimentos a una altura suficiente como para evitar los efectos de la humedad del suelo y, al mismo tiempo, mantenerlos fuera del alcance de los animales.


Ese día nos fuimos a comer a Llanes, donde disfrutamos del pescado fresco del restaurante La Marina, junto al puerto deportivo. En esta población no hay que perderse la Playa del Sablón, pero sobretodo vale mucho la pena caminar junto al acantilado por el Paseo de San Pedro, desde donde la inmensidad del Mar Cantábrico proporciona una mezcla de sensaciones, entre las que salen ganando la tranquilidad y el relax.


Paseo de San Pedro, Luanco

CANTABRIA


Antes de regresar a Poo de Cabrales, aún tuvimos tiempo de acercarnos a San Vicente de la Barquera, una población marcada por la forma en que el agua divide sus diferentes barrios y enclavada dentro del Parque natural de Oyambre, repleto de estuarios, marismas y maravillosas y extensas playas.


Playa de San Vicente de la Barquera

Para cerrar nuestro recorrido, a la mañana siguiente, visitamos lo que nos habían descrito como un paraíso, la playa de Isla, cerca de Noja. Y no fue para menos. Aparcamos la furgoneta cerca del Hotel Villa y nos encontramos frente a una ría en la que la marea estaba creciendo por momentos.


Cruzamos medio andando medio nadando al lado contrario de la ría y caminamos unos 300 o 400 metros en dirección a la costa mientras el agua fluía con fuerza a nuestro alrededor. Finalmente decidimos aprovechar la corriente hacia el interior para regresar nadando hasta el punto de partida y poner rumbo, por fin, al que iba a ser el colofón a una semana increíble.


Por la tarde llegamos a Agüera de Montija, ya en la provincia de Burgos. En este pequeño pueblo rodeado de naturaleza nos esperaba un fin de semana de celebración, amigos, risas y buen rollo en el V Mortxirock, la (de momento) última edición de la celebración del aniversario de boda de nuestros amigos Iñigo y Laura. Perfecto para cerrar lo que entre nosotros conocemos como la Mortxiweek.

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