Road trip por Croacia. De Dubrovnik a Zagreb en 7 días

Actualizado: may 13

Tras haber escuchado a alguno amigos hablar de las maravillas de Croacia, conseguí convencer a Anna para que este fuera nuestro destino en el verano de 2012, sin saber muy bien qué ver y qué hacer en este joven destino del Adriático. Pensamos que, por la geografía del país, la mejor solución era recorrerlo durante 7 días en coche, de sur a norte, a modo de road trip, así que decidimos comenzar nuestro viaje en Dubrovnik, y concluirlo en Zagreb, la capital croata, en un concepto similar al de nuestro viaje a Portugal.


Uno de las maravillosas puestas de Sol que vimos en Croacia

DUBROVNIK


La perla del Adriático es posiblemente la ciudad más turística de Croacia. Por suerte, nuestra visita fue previa al boom que se vivió allí con el rodaje de algunas escenas de Juego de Tronos, que han convertido la calle principal en una especie de parque de atracciones de la serie, totalmente masificado y con dudosa sostenibilidad, como pudimos empezar a comprobar en nuestra segunda visita, en 2014.


La mejor forma de recorrer la ciudad amurallada es comenzar por alguna de las dos entradas que dan acceso a Stradun. Nosotros elegimos la Puerta de Pile, una de las 4 entradas que permitían cruzar a la ciudad fortificada en la Edad Media. Nada más atravesar esta puerta ya comienza la sensación de haber viajado al pasado, debido al magnífico estado de conservación de la arquitectura medieval. Lo primero que llama la atención es la Fuente de Onofrio, frente al Convento de Santa Clara.


Callejones en Dubrovnik, todos encarados a Stradun

Seguimos caminando por Stradun, la calle principal de la ciudad, y pronto empezaron a aparecer las primeras terrazas de restaurantes, algunas de ellas situadas de manera inverosímil en los bonitos pero estrechos callejones, llenos de escalinatas y farolas, que trepan hacia la parte norte de Dubrovnik. Nos perdimos entre ellos, totalmente aislados del ajetreo de Stradun.


Regresamos a la ruta, atraídos por la Torre del Reloj, un edificio que domina la plaza de Luža, donde se encuentra la puerta este de la muralla, justo en el lado opuesto a Pile. Allí, la calle que se abre entre la muralla y la Iglesia de San Blas nos empujó a caminar en dirección a la Catedral de Dubrovnik, reconstruida en los siglos XVII y XVIII en estilo barroco, tras la destrucción de la anterior en un terremoto.


El puerto de Dubrovnik

Allí, en la parte izquierda de los edificios que enfrentan a la fachada principal del templo, una pequeña abertura con forma de arco nos llamó la atención, ya que de fondo se veía el color azul del Adriático. Salimos a pasear por los muelles de piedra que bordean la muralla, y cuanto más nos alejábamos y más altos nos encontrábamos, más impresionante nos parecía la vista de la ciudad antigua.


Vistas de la ciudad medieval

En nuestra siguiente visita a Dubrovnik, no perdimos la oportunidad de tomar el teleférico (Cable Car), para tener unas vistas maravillosas de toda la ciudad y alguna de las islas cercanas. Es una actividad perfecta para un día despejado, ya que la panorámica es indescriptible.


Como ya hemos adelantado, si le tenemos que poner un pero a esta bella ciudad es que, la masificación turística que sufre ha provocado que lo precios hayan aumentado por encima del nivel del resto del país, pero es algo común en este tipo de casos. En nuestra opinión, sería buena idea tratar de preservar esta magnífica ciudad medieval poniendo algunos límites al turismo masivo o de cruceros.


PENÍNSULA DE PELJESAC


Todavía maravillados por la belleza medieval de Dubrovnik, salimos hacia el norte en busca de un poco de tranquilidad, y la encontramos en la península de Peljesac, un saliente de tierra de 65 km de largo y solo 7 km de ancho.


El primer pueblo que se cruzó en nuestro camino al adentrarnos en esta península fue Ston, de menos de 600 habitantes. Pese a su reducida población, cuenta con unas murallas dignas de visitar, siendo consideradas unas de las más largas del mundo. Caminamos por ellas, disfrutando de la tranquilidad de este lugar tan poco turístico, pero a la vez tan atractivo. Desde lo más alto se podían contemplar las salinas de Ston, otro de los puntos de interés de la población.


La muralla que une Ston y Mali Ston

Esta misma muralla une Ston con Mali Ston, cerrando completamente el paso hacia el resto de la península. Mali Ston es un pequeño pueblo pesquero de poco más de 100 habitantes, en el que pudimos degustar la especialidad local, las ostras, en un rústico puesto situado a escasos metros del agua. Allí, en una minúscula playa, que compartimos con unos abuelos que cuidaban de sus nietos, nos bañamos en unas aguas tan transparentes y tranquilas que parecía que estábamos dentro de una piscina.


Continuamos nuestro camino por la carretera 414, la principal de Peljesac, atravesando pequeñas poblaciones, sin un rumbo muy claro, simplemente dejándonos llevar por la paz que se vivía allí, cruzando pequeñas aldeas y parándonos siempre que el paisaje nos llamaba la atención.


En una de esas paradas, cerca de Trstenik, intentando entrar a visitar una bodega de vino que resultó estar cerrada, detrás de unos árboles nos pareció ver una pequeña cala. Y efectivamente, el azar nos había llevado ante la cala con las aguas más azules y cristalinas que habíamos visto nunca. Para colmo, había un chiringuito abierto, así que rápidamente nos pusimos los bañadores y nos lanzamos al agua a disfrutar de tal hallazgo. La playa se llamaba Beach Škamp.


La maravillosa playa que encontramos de casualidad cerca de Trstenik

Después de esto, pensamos que nuestra visita a Croacia ya había valido la pena, pero aún nos quedaba mucho por descubrir de este país que comenzaba a enamorarnos. La última parada en Peljesac fue Trpanj, donde tomamos un ferry que nos cruzó a Ploče, de nuevo en la costa continental. De esta forma, además, nos ahorramos cruzar la frontera con Bosnia, país eminentemente interior, pero que conserva unos 10 kilómetros en la costa dálmata.


LA ISLA DE HVAR


Hasta el último momento estuvimos dudando entre visitar la isla de Hvar o la de Korčula, ya que no disponíamos de tiempo suficiente para ver ambas. Finalmente, tras revisar nuestra guía, nos decidimos por la primera opción, principalmente porque el acceso desde Makarska, donde habíamos hecho base, era mucho más sencillo.


Hvar tiene una gran riqueza natural

Tras cruzar en ferry desde Drvenik hasta Sućuraj comenzamos a conducir en dirección a las principales poblaciones de la isla, situadas al oeste. La carretera, que divide en dos Hvar, nos llevó por una zona casi despoblada, en la que apenas encontramos un Konoba, el alojamiento típico de Croacia, en los primeros 25 minutos de trayecto. Sin embargo, al ser la anchura de la isla tan reducida, en torno a 3 kilómetros, resultaba muy agradable contemplar el Adriático a los dos lados del paisaje casi inexplorado.


Nuestra primera parada la hicimos en Stari Grad, una tranquila ciudad ubicada en un entrante del mar en la isla. Allí paseamos bordeando el puerto deportivo, lleno de pequeñas embarcaciones de recreo, en busca de un lugar donde comer, que encontramos en uno de los múltiples Konoba del pueblo. Tras la comida, visitamos el Castillo de Tvrdalj, casi impronunciable para nosotros, y seguimos la marcha hacia la ciudad más importante, Hvar.


La ciudad más importante de la isla se llama también Hvar

Ya nos lo había parecido en Stari Grad, pero en Hvar acabamos de confirmar la fuerte influencia italiana tanto en la gastronomía como en la arquitectura de la isla. En Hvar nos pareció precioso el paseo hasta la iglesia más importante, a través de la amplia calzada que se abre al mar, dejando a la vista los lujosos barcos que atracan en este remanso de paz del mar Adriático. Recorrimos un bonito mercadillo de objetos artesanales que bordeaba el puerto y nos relajamos hasta que nos entraron ganas de probar la playas de Hvar.


Condujimos por caminos empedrados más allá de la ciudad más grande de la isla hasta que encontramos un buen lugar donde aparcar el coche y nos adentramos entre los árboles, que llegaban casi hasta la orilla, para alcanzar una cala de piedras entre el bosque, con la única compañía de un barco atracado a unos 100 metros de la orilla. Las aguas, de nuevo cristalinas, nos llamaron a que nos diéramos un relajante baño mientras el sol empezaba a caer en el horizonte, y es que los atardeceres que vimos en Dalmacia no los hemos vuelto a ver en la vida.


Algunos atardeceres parecían fuego

De regreso a Makarska, tras tomar el ferry de vuelta, disfrutamos de uno de ellos, con unos colores rojizos y anaranjados que, por momentos, daban la sensación de que se estaba produciendo un enorme incendio. Tuvimos que parar más de una vez el coche para poder contemplarlo con toda la pausa que merecía.


RUTA EN COCHE POR LAS CIUDADES HISTÓRICAS DE LA COSTA DE DALMACIA


Aunque prácticamente todo lo que visitamos en Croacia forma parte de Dalmacia, nos apetecía dedicar un apartado especial a cuatro ciudades especialmente interesantes. De sur a norte, hablamos de Split, Trogir, Sibenik y Zadar, en un recorrido de 160 km por la carretera D8, que bordea la costa, haciendo además de la conducción una experiencia muy agradable.


El espectacular campanario de la Catedral de Split

Split es la capital de Dalmacia, además de la segunda ciudad más poblada de Croacia, y está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, principalmente por la zona del Palacio de Diocleciano, muy rico arqueológicamente hablando. Dentro de este Palacio se encuentran la fortaleza, el Templo de Júpiter e incluso la Catedral, con un campanario que nos recordó mucho a otros que ya habíamos visto en nuestra ruta por Croacia.


Pero lo que nos hace recordar con especial cariño Split es el momento en que nos vimos sorprendidos por un regimiento de soldados romanos que, ataviados con sus capas rojas, sus clásicos cascos y lanzas, escenificaban una situación que perfectamente se pudo producir en ese mismo lugar casi 2.000 años antes.


Trogir, otra de las históricas ciudades de la costa adriática, es una joya cuyo centro antiguo está situado en una pequeña isla de apenas 500 x 250 metros. Allí dimos una vuelta por sus callejuelas hasta llegar a la plaza principal, coronada por el campanario renancentista de la catedral, el punto más importante de Trogir, también declarada Patrimonio de la Humanidad. En la parte oeste de la isla paseamos junto al Castillo del Camarlengo, una antigua fortaleza ubicada, curiosamente, frente a un campo de fútbol que ocupa un espacio muy importante en Trogir.


Tras una parada para un relajante baño en una de las muchas playas de la zona, la siguiente ciudad en nuestra ruta era Sibenik, cuya Catedral es otro de los 10 lugares de este país de los Balcanes que está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Como ya se nos estaba haciendo de noche, y queríamos ver la puesta de sol de camino, hicimos una visita rápida a los alrededores de la catedral antes de continuar conduciendo hacia Zadar, donde hicimos noche aquel día.


Mil y uno atardeceres en Croacia

Nos despertamos en Zadar en un precioso día de cielo azul intenso, lo que aún convirtió en más encantadora nuestra caminata por el paseo marítimo de la ciudad. Allí encontramos uno de los lugares que más nos sorprendió, el Órgano del Mar. Es, de algún modo, un experimento arquitectónico-musical, en el que unas escaleras directamente frente al mar cubren un conjunto de tubos que, con el choque de las olas producen música. Esta melodía puede ser escuchada por cualquiera que se siente en dichas escaleras. Pasamos un buen rato escuchando este concierto natural.


Las cristalinas aguas de Zadar

Allí, además del sonido, nos impresionó el color azul celeste del agua, incluso en esta zona tan cercana a los puertos deportivos. No muy lejos de allí está el Monumento al Sol, un conjunto de vidrios que reflejan la luz solar. Apenas a 600 metros del Órgano del Mar visitamos la plaza principal de la ciudad, donde vimos la Catedral y el Foro Romano.


Estos cuatro son sólo algunos de los ejemplos de las muchas localidades dálmatas en las que merece la pena hacer un alto en el camino.


PARQUES NATURALES


Además de las playas y las preciosas ciudades costeras, Croacia ofrece al visitante varios parques naturales, entre los que destacan el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice y el Parque Nacional de Krka.


Ambos formaban parte importante de nuestro itinerario y ninguno de ellos nos defraudó. El primero que visitamos fue Krka, que está situado muy cerca de la ciudad de Sibenik. La imagen de las cascadas principales de este parque es una de las más icónicas del país balcánico, y la verdad es que es espectacular estar bañándote en las cristalinas aguas del río Krka y tener semejante caída de agua de 21 metros de altura a tan poca distancia.


Parque Nacional del río Krka

No sólo para esta visita, sino para todo el viaje, es aconsejable disponer de escarpines, ya que muchas de las playas y lagos son de piedras. Después de bañarnos, dimos un relajado paseo por el parque, admirando las preciosas cascadas repartidas por todo el recinto, antes de continuar nuestra visita a los maravillosos pueblos costeros de Dalmacia.


Un día después, ya de camino a Zagreb, paramos en el otro Parque Nacional, el de Plitvice. La gran diferencia con respecto a Krka es que en este caso no era posible bañarse. Plivitce está muy bien organizado, y el recorrido está marcado por una pasarela de madera que permite visitarlo de una manera muy poco invasiva, manteniendo el patrimonio natural protegido del turismo masivo.


Parque Nacional de los Lagos de Plitvice

Fue una maravilla poder disfrutar de un lugar tan natural a tan poca distancia de la costa, y eso que el recorrido solo muestra una pequeña parte de los 295 kilómetros cuadrados de lagos, cascadas y bosques, así que creemos que Plitvice debe figurar en cualquier itinerario por Croacia.


ZAGREB


La capital de Croacia es una ciudad que contrasta completamente con el resto del país, ya que parece mucho más una ciudad austriaca alejada de la influencia mediterránea de todo lo que habíamos visitado en Dalmacia.


Teatro Nacional de Croacia

Pese a que tuvimos algunos problemas con el hostel, ya que nos cambiaron a una ubicación diferente a la que habíamos reservado, y posteriormente nos dimos cuenta que había insectos en la habitación, disfrutamos de nuestra visita a Zagreb, que por el simple hecho de ser la capital y la ciudad más grande del país, tiene una gran oferta cultural, aunque por suerte, concentrada en un reducido centro histórico.


Iniciamos nuestra visita en la Iglesia de San Marcos, cuyo tejado muestra un mosaico con los escudos de Zagreb y del Reino de Croacia. Bajamos por la calle Radiceva, llena de pequeños edificios de colores de máximo dos plantas, hasta la altura de la Catedral, donde nos desviamos para ver la que probablemente era la iglesia más grande que veíamos en todo el viaje. Seguimos hacia el sur hasta la plaza de la República, en la que destaca en su centro el Teatro Nacional y concluimos nuestro tour turístico en el Jardín Botánico, un oasis en esta ciudad mucho más gris que las de la costa, y cuyo principal atractivo es el pabellón de madera roja.


De regreso al hostal paramos a comprar unas corbatas, una prenda que tiene su origen en unos pañuelos que, en el siglo XVII, lucían los soldados del ejército de lo que en la actualidad es Croacia.


Jardín Botánico de Zagreb

Nunca hubiéramos pensado que Croacia nos iba a asombrar y a gustar tanto. El que hasta entonces era un desconocido para nosotros se convirtió en uno de los destinos que más recomendamos en el sur de Europa, no solo para aquellos que busquen turismo de playa, sino también para quienes busquen cultura, historia, naturaleza y rutas panorámicas en coche o moto.

A continuación os dejamos nuestra propuesta de itinerario de 7 días en coche por Croacia:


  • DÍA 1. Llegada a Dubrovnik.

  • DÍA 2. Dubrovnik

  • DÍA 3. Península de Peljesac

  • DÍA 4. Isla de Hvar

  • DÍA 5. Trogir, Split y Sibenik + Parque Nacional de Krka

  • DÍA 6. Zadar + Parque Nacional de Plivitce

  • DÍA 7. Zagreb y regreso


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