Perdidos en la isla maldita de Langkawi

Actualizado: may 13

En el mismo instante en que pusimos pie en tierra firme después de tres horas en el ferry que nos llevó desde Penang a Langkawi, y varios taxistas comenzaron a ofrecernos sus servicios con insistencia, nos dimos cuenta que habíamos llegado a un archipiélago en que el turismo es la principal fuente de riqueza. Langkawi es un lugar que durante mucho tiempo fue considerado como maldito, por su tradición como refugio de piratas, hasta que en 1986, el gobierno malayo lo convirtió en un centro turístico. Actualmente se conoce a este archipiélago cómo "la joya de Kedah".


En Langkawi encontramos algunos rincones preciosos

En la actualidad, Langkawi ha vivido un fuerte desarrollo gracias principalmente al turismo local, siendo incluida en 2007 en la selecta lista de World Geoparks de la UNESCO, y tiene una gran ventaja económica frente al resto de Malasia, por su carácter de territorio Duty Free.


El caso es que Anna y yo llegamos allí junto a nuestra compañera de viaje y amiga Alba, que andaba recorriendo el sudeste asiático, con el objetivo de huir lo máximo posible de los lugares más concurridos, y disfrutar también de la naturaleza de esta exótica isla y encontrar las mejores playas de Langkawi. No siempre fue posible, pero conseguimos sacarle mucho partido a los menos de tres días que pasamos allí. A continuación te explicamos cómo lo hicimos.


DÍA 1. PASIR TENGKORAK Y PUESTA DE SOL EN PANTAI CENANG


Buscamos un alojamiento cerca de Pantai Cenang, la población más importante y animada de Langkawi, y lo encontramos en el Soluna Guesthouse, un relajado hostel cercado por campos de pasto donde los tranquilos búfalos conviven con el ajetreo que los rodea, y tratan de sofocar el calor introduciéndose en unas pocas lagunas que hacen el papel de oasis para estos animales.


Allí disponíamos de un pequeño pero cómodo bungalow con terraza. Nada más acomodarnos, hicimos algo que consideramos primordial en una visita a Langkawi, buscar un medio de transporte adecuado. El transporte público en la isla es bastante poco efectivo, así que lo mejor es alquilar un coche o una moto para poder moverse libremente, algo que gestionamos directamente con la recepción del alojamiento.


Nuestro hostel, el Soluna Guesthouse, estaba ubicado entre campos de pasto de búfalos

En cuanto dispusimos del vehículo, nos dirigimos a una de las playas que nos habían recomendado en el Soluna Guesthouse, la de Pasir Tengkorak, conocida como la playa de las calaveras (Skull Beach), ya que según cuenta la leyenda, muchos prisioneros de la isla Ko Tarutao, ya en territorio de Tailandia, y cuya orilla se encuentra a solo 5 km de esta playa de Langkawi, trataban de huir nadando hasta suelo malayo, pero muchos de ellos se ahogaban o eran devorados por los tiburones durante el recorrido.


En la playa Pasir Tengkorak encontramos un primer lugar donde relajarnos en Langkawi

El caso es que, por más que buscamos, no encontramos los restos de ningún intrépido nadador, sino más bien unos cuantos monos que aprovechaban cualquier descuido de los pocos bañistas que disfrutábamos de este relajado paraje, para robar algo de comida y subirse rápidamente a un árbol a disfrutar del ansiado manjar.


Pero más susto todavía nos llevamos cuando, caminando por la pasarela que une el parking con la playa, se nos cruzo un monitor lizard de considerable tamaño, aunque en seguida se sintió él más amenazado que nosotros y aceleró su torpe pero veloz paso para alejarse en busca de presas más sencillas.


Una vez ya habíamos explorado la playa lo suficiente y nos habíamos bañado en sus aguas, no especialmente cristalinas, pero sí muy calmadas, decidimos poner rumbo de vuelta a Pantai Cenang, ya que no queríamos perdernos la puesta de sol tumbados en una de las hamacas de alguno de los múltiples chiringuitos que se pueden encontrar en primera línea de playa.

Las puestas de sol en Pantai Cenang nos dejaron impresionados

El espectáculo fue conmovedor. La caída de sol y su desaparición tras una de las islas que forman el archipiélago dejó un cielo de infinitas tonalidades rojizas que, por algún extraño motivo, nos abrió el apetito. Así que nos dirigimos hacía el interior de la isla por una camino de tierra, con un único objetivo, el restaurante The Kasbah, que ya habíamos fichado previamente. Y no nos defraudó para nada. La comida estaba exquisita, pero el ambiente del lugar aún era mucho mejor. Además, nuestro camarero, llamado Moon (esperamos escribirlo bien), era un tipo muy interesante, y nos amenizó la cena con su agradable conversación, e incluso nos dio algunos consejos que fueron de gran utilidad en los dos últimos días de nuestro recorrido por Malasia, en Kuala Lumpur. Lo consideramos de los mejores lugares dónde comer en Langkawi.


DÍA 2. SUBIDA AL GUNUNG RAYA Y RELAX EN TANJUNG RHU


El segundo día nos levantamos temprano, ya que teníamos un objetivo ambicioso, superar los 4.500 escalones que separan el nivel del mar del punto más alto de Langkawi, el pico del Gunung Raya.


4.500 escalones tuvimos que subir para llegar a la cima del Gunung Raya

La ruta comenzaba cerca de un complejo dedicado a la agricultura y las frutas típicas de la isla. Durante la subida, que nos llevó casi 2 horas para superar un desnivel de casi 800 metros, no nos cruzamos con ninguna persona, lo cual le otorgó mayor dramatismo a la situación, ya que dentro de esa maraña de árboles de todos los tipos, además de nuestros pasos venciendo, uno a uno, cada escalón que se nos ponía por delante, solo se podía escuchar el increíble sonido de la jungla.


En medio de la subida solo se podía escuchar el ruido de la jungla

Este sonido, unión de los ruidos emitidos por cientos de animales diferentes, parecía tener vida propia, y daba la impresión que aumentaba de volumen a nuestro paso. Y sin embargo, no pudimos ver ni un solo animal, como si nos estuvieran observando todos ellos ocultos tras la frondosidad.


Por fin, después de pasar un último tramo muy duro, y de apartar unas cuantas ramas que habían invadido el camino, alcanzamos la cima, y tuvimos una recompensa merecida, ya que desde allí arriba, como si fuéramos los guardianes de Langkawi, pudimos contemplar todo el suroeste de la isla principal, así como algunos de los islotes cercanos. Para los menos aventureros, también se puede llegar a este mirador a través de una carretera que sube por el lado oeste de la montaña.


Las vistas desde lo alto del Gunung Raya

Iniciamos la bajada pensando que sería un camino sencillo, hasta que, a los pocos minutos de comenzar a bajar nos dimos cuenta que la humedad del ambiente había propiciado que algunas sanguijuelas comenzaran a trepar por nuestros calcetines tratando de robarnos algo de sangre.


Este insecto es inofensivo, pero provoca bastante estrés cuando ves que se te ha enganchado a la piel. En realidad son sencillos de retirar, siempre y cuando se vaya adecuadamente equipado. En nuestro caso, los soltábamos de nuestros calcetines e incluso de la piel, si habían conseguido llegar, tirándoles anti-mosquitos, lo que les forzaba a soltarse y caer al suelo. Eso sí, es importante mirarse el interior de las zapatillas por si alguna sanguijuela se ha colado por dentro, y lavarse las cicatrices con abundante agua, ya que el principal riesgo es que quede algún resto de inserto en el interior de la herida. Por ello hay que evitar siempre arrancarlas con la mano.


Tras esta dura batalla, por fin conseguimos llegar a la base, ya con mucha hambre, así que paramos a comer en el primer sitio que nos cruzamos, un pequeño puesto de comida donde probamos el que probablemente fue el plato más picante del viaje, un Laksa sabrosísimo pero que elevó nuestra temperatura de tal forma que nos tuvimos que ir corriendo a buscar un lugar donde refrescarnos.


Tanjung Rhu es, para nosotros, la playa más bonita de Langkawi

Y lo encontramos en Tanjung Rhu, una alargada playa de más de 3 kilómetros de arena clara y fina, de agua limpia y calmada, y con unos preciosos islotes enfrente. Y lo mejor de todo, no había ni 20 personas en toda la playa. Un paraíso en la punta más al norte de Langkawi, en el que descansamos del esfuerzo que habíamos realizado por la mañana. Posiblemente habíamos encontrado la playa más bonita de Langkawi.


Cuando ya consideramos que teníamos suficiente relax, volvimos a tomar el coche de regreso, para buscar el mejor lugar desde el que ver la puesta de sol. Pero antes hicimos una pequeña parada en Durian Perangin, unas cascadas que estaban muy secas debido a las escasas lluvias de los días previos. Aún así, fue curioso ver como un grupo de malayos se bañaban en las aguas del pequeño lago que forma la caída de agua, totalmente vestidos, incluso con pantalones vaqueros, pese al sofocante calor que estábamos sufriendo.


La puesta de sol que vimos en Pantai Kuala Muda fue también maravillosa

Ese día decidimos disfrutar del ocaso del sol en la playa que se encuentra en paralelo al aeropuerto, Pantai Kuala Muda, a escasos 200 metros de la pista de aterrizaje, de manera que el espectáculo fue doble. Por un lado, otra de las maravillosas puestas de sol de Malasia, y por el otro, el increíble momento en que un avión alcanza tierra. Además, en esa playa se monta un mercadillo de puestos de comida local, así que es también una buena opción para comer algo.


Pero nos aguantamos un poco el hambre, ya que era jueves, y los jueves en Pantai Cenang no hay mejor lugar para cenar que el Temonyong Night Market, un animado mercado de alimentos donde se puede encontrar casi cualquier clase de comida malaya. Nos paramos en unos cuantos puestos hasta que ya no podíamos más. Quizá fue el lugar más concurrido que visitamos en la isla, pero valió la pena. De ahí nos acercamos a una heladería llamada Gelato Cabana, muy famosa allí, donde saciamos nuestra necesidad de dulce con unos helados caseros muy económicos.


DÍA 3. DESAYUNO RELAJADO Y PASEO POR PANTAI CENANG


Nos dio mucha pena irnos de Langkawi

Comenzamos nuestro último día en Langkawi desayunando con toda la tranquilidad del mundo en Amani Cafe, un lugar muy acogedor y con una amplia variedad de platos. Como teníamos el vuelo a Kuala Lumpur al final de la mañana, no podíamos alejarnos demasiado del aeropuerto, así que decidimos acudir a las tiendas Duty Free para pasar el tiempo y ver si encontrábamos algún chollo. La verdad es que resultó bastante decepcionante y algo cutre ver la forma en que los productos estaban expuestos, y cómo estaba enfocado todo a la venta de bebidas alcohólicas, perfumes y relojes. Dimos un par de vueltas, dejando pasar el tiempo hasta que nos cansamos y nos fuimos a tomar algo a un chiringuito de la playa.


Y casi sin darnos cuenta llegó el momento de la despedida, no solo de Langkawi, sino también de Alba, que se quedaba unos días más en la isla planeando su siguiente aventura. Nosotros volamos a Kuala Lumpur, encantados de haber podido descubrir una cara bastante distinta de Langkawi de la que habíamos leído en casi todas las guías de viaje. Quizá gracias a eso nos había gustado tanto.


Descubre más aventuras de Girando la Brújula en nuestros viajes por el mundo.

Como siempre, en Girando la Brújula confiamos confiamos en el

seguro de viaje de Mondo

Consigue un 5% de descuento en el siguiente link

Si te ha gustado el artículo o tienes alguna duda, te invitamos a dejarnos un comentario o compartirlo en tus redes sociales:


#Langkawi #Malasia #Asia #Playa #Senderismo #Deporte

895 vistas

ÚNETE A GIRANDO LA BRÚJULA Y TE ENVIAMOS GRATIS NUESTRA GUÍA PARA ORGANIZAR UN VIAJE