Chicago, la historia reciente de USA en estado puro

Actualizado: jun 4

El destino nos llevó a visitar Chicago en dos ocasiones en menos de año y medio, lo cual nos permitió conocer la tercera ciudad más grande de Estados Unidos desde muchos puntos de vista. Los motivos de cada uno de los viajes fue bien diferente.


La primera vez llegamos a la mayor urbe de Illinois, desde Nueva York, para pasar 4 días descubriendo la histórica arquitectura de esta maravillosa ciudad. Sin embargo, la excusa para la segunda visita fue el Maratón de Chicago, donde íbamos a correr nuestra primera carrera major.


Fue una gran oportunidad poder regresar a Chicago

Si una cosa aprendimos es que, en una ciudad donde las distancias son tan grandes, tener el transporte bien organizado es clave para aprovechar el tiempo al máximo. Por ello consideramos imprescindible disponer de una tarjeta Ventra con un bono para los días que vayamos a estar allí. Esto nos permitió usar los trenes y buses de una forma flexible y económica.


THE LOOP


El barrio más turístico y célebre de Chicago es The Loop, cuyo nombre proviene del tren elevado que lo rodea, dando a sus calles un aspecto y un sonido incomparable con el de cualquier otro lugar que hayamos visitado.


Como una culebra, el metro elevado recorre las calles entre los rascacielos, mientras que a los pies los teatros y restaurantes iluminan las calles con sus luces de neón. En este barrio fue donde nos alojamos en nuestro primer viaje, en el HI Chicago, un hostal ubicado en pleno centro. Justo al lado comimos unos bocadillos cubanos caseros buenísimos en Cafecito.


The Loop toma su nombre por el tren elevado que recorre el barrio

Para nosotros, la gran atracción de The Loop fue recorrerlo por el interior de sus históricos rascacielos. Y es que cruzar la galería comercial llena de preciosas tiendas de Monadnock Building, subir en el antiguo ascensor del Fine Arts Building, admirar el patio con cristaleras de Railway Exchange Building, hacer un tour guiado por el sorprendente Auditorium Theater, visitar de manera furtiva la oficina de correos de Federal Center o emocionarse en las entrañas del Rookery Building, el más antiguo de la ciudad, fueron los momentos que nos trasladaron a un Chicago de vanguardia, una ciudad donde a finales del siglo XIX se estaba redefiniendo el modelo urbanístico que actualmente conocemos. Descubre en detalle cómo hacer esta ruta pinchando en el link.


Fue así, caminando entre edificio y edificio, como se cruzó en nuestro camino el Revival Food Hall, un conjunto de puestos de comida y modernos cafés ubicados en los bajos de uno de los edificios de The Loop en el que hicimos una pausa resguardándonos del clásico viento helado de Chicago.


The Rookery es uno de los rascacielos históricos más emblemáticos de Chicago

Pero si realmente hubo un lugar donde nos sentimos como verdaderos habitantes de Windy City, fue sentados alrededor de una deep dish pizza en uno de los muchos restaurantes Giordano's ubicados a lo largo de la ciudad. Eso sí, si vas con hambre tómatelo con calma o pide unos entrantes, ya que estos locales suelen estar llenos de gente, y la pizza puede llegar a tardar en llegar a tu mesa aproximadamente una hora.


Tras una comida copiosa como ésta, no se nos ocurrió mejor idea que pasear por el Millenium Park, uno de los símbolos de Chicago. Este parque, ubicado en la esquina noreste de The Loop, contiene varios lugares mágicos de Chicago. El más llamativo es sin duda el Cloud Gate, una escultura del británico nacido en India Anish Kapoor sobre la que se reflejan todos los edificios de su alrededor. Conocida popularmente como The Bean, esta escultura inspirada en una gota de mercurio es un diálogo constante de reflejos entre ella y la ciudad. Nos pasamos minutos y minutos "jugando" con ella y buscando el mejor ángulo para fotografiarla, tratando de evitar a las decenas de personas que se acumulan allí a cualquier hora del día.


Las vistas al Millenium Park desde Cindy's son espectaculares

A escasos metros, el Pritzker Pavilion, del arquitecto Frank Gehry, nos recordó al museo Guggenheim de Bilbao, y nos pareció un lugar privilegiado para la organización de eventos, algo que desde luego se le da muy bien a los estadounidenses.


Parece que nuestra primera visita quiso ocultarnos una de las mejores formas de ver este parque, ya que no fue hasta la segunda vez que viajamos allí que descubrimos el Cindy's, un local situado en la terraza de uno de los edificios frente al Millenium Park. Desde este privilegiado punto pudimos disfrutar de unas vistas que quitaban el hipo; una panorámica que incluía el Lago Michigan como telón de fondo.


En la zona sur del parque, conocida como Grant Park, se sitúa la meta del Maratón de Chicago, el motivo por el que viajamos por segunda vez a Estados Unidos. Es un espacio abierto en el que vivimos la mezcla de alegría y alivio que supone completar los 42.195 metros que separan la salida y la llegada de cualquier maratón, y que en este caso supusieron un nuevo reto completado.


Correr el Chicago Marathon fue una experiencia indescriptible

Cerca del parque encontramos el Chicago Cultural Center, un centro de exposiciones temporales en el que en ambas visitas nos perdimos por sus pasillos buscando la famosa cúpula decorada con cristales de Tiffany's. Fue una forma genial de ver las interesantes exposiciones de la Chicago Architecture Biennial, que justo coincidía con nuestra visita.


Si uno quiere disfrutar de Chicago al 100%, una de las mejores formas es dejarse llevar por las calles de The Loop, ver como las luces de neón de los teatros y locales van iluminando unas vías que en otra época eran controladas por gangsters. Fue así como nos encontramos con llamativas esculturas como la de Pablo Picasso, ubicada en Washington Street, o el Flamingo de Alexander Calder, justo frente al Federal Center.


También de esa forma nos sentimos atraídos por las luces de The Berghoff, posiblemente el local con más aroma a clásico de The Loop. Nos hicimos hueco en uno de los escasos espacios libres de la barra, al fondo del amplio establecimiento, mayoritariamente forrado en madera y decorado con banderitas de Baviera y fotos antiguas. Allí escuchamos música jazz en directo mientras saboreábamos un bretzel y una buena cerveza alemana, sintiéndonos casi como en casa.


La ciudad se transforma con las luces de neón

Pero no es este el único local que repetimos en nuestra segunda visita. The Monk, también en The Loop, es un oscuro y ruidoso pub en el que se juntan jóvenes y no tan jóvenes para charlar y probar cervezas artesanales tras el trabajo. Igual que el resto de clientes caímos en la trampa del cubo de cacahuetes que dejan en cada mesa, y que lo único que provocan es más sed y como consecuencia mas rondas de cerveza.


Al oeste, casi fuera de esta zona de Chicago, visitamos la Torre Willis, en su momento conocida como Torre Sears. Este enorme rascacielos fue el más alto del mundo hasta que fue superado en 1998 por las Torres Petronas de Kuala Lumpur. Un poco más al oeste visitamos la estación de trenes, Union Station, atraídos por su arquitectura, que nos recordó a la de Grand Central de Nueva York, pero también por las famosas escaleras de la película "Los Intocables de Elliot Ness". Allí revivimos la célebre escena de la que no diremos nada por si alguien no la ha visto.


Union Station fue testigo de una de las más famosas escenas de la historia del cine

NEAR NORTH


Posiblemente el segundo barrio más famoso de Chicago es el que colinda con The Loop por el norte, al que cruzamos por el DuSable Bridge, uno de los preciosos puentes colgantes sobre el Río Chicago, que aún se ve más bonito si vas cargando un chocolate caliente comprado en la cercana tienda Nutella. Nuestra recomendación es recorrer esta zona tanto de día como de noche, ya que cuando cae la luz, la iluminación de los edificios genera un paisaje urbano majestuoso.


Nada más cruzar el puente tratamos de visitar por dentro el Trump Hotel y el Wrigley Building (con su llamativa torre con la forma de la Giralda de Sevilla), pero en ambos casos fuimos rechazados por la privacidad de los mismos, así que solo pudimos cotillear ligeramente desde el patio principal. Cerca de éstos están las Marina Towers, dos torres que tienen como peculiaridad que sus 19 primeras plantas son un curioso parking en espiral. Desde abajo nos daba la impresión que los coches iban a precipitarse al vacío en cualquier momento.


Magnificient Mile está lleno de tiendas de deporte

Pero el que quizá sea el edificio más auténtico de la zona es la Tribune Tower. Desde lejos ya nos dimos cuenta que tenía algo especial, y conforme nos acercamos a este edificio neogótico nos dimos cuenta como la sede del célebre periódico Chicago Tribune había podido cambiar la concepción de los rascacielos allá por el año 1922.


Continuamos caminando hacia el norte por N Michigan Ave, adentrándonos en la llamada Magnificient Mile, el lugar con los más lujosos comercios de la ciudad. Hicimos algunas paradas en tiendas de deportes o en la AT&T Store, donde disfrutamos de una interactiva exposición de Friends llena de atrezzo original de la serie. Allí dejamos huella grabando nuestra propia versión de Smelly Cat, de la famosísima Phoebe Buffay.


Pasear por Chicago y encontrarte un escenario de la serie Friends no tiene precio

También paramos en el Macy's, una galería comercial que contenía en su interior el Chicago Sports Museum, un divertido conjunto de objetos relacionados con los equipos más importantes de la ciudad, como los Bulls de la NBA o los Cubs de la MLB. Sólo por comparar tu mano con la de Michael Jordan o hacerse una foto con una reproducción en tamaño real de Scottie Pippen ya mereció la pena la parada.


Y así seguimos rumbo hacia el norte de la ciudad con la mente puesta en uno de los edificios más emblemáticos del skyline de Chicago. El John Hancock Center destaca entre el resto de rascacielos que lo rodean y desde luego no da la impresión de haber sido construido en 1969.


En nuestra primera visita se dio la curiosidad de que, tras una noche de temperaturas bajo cero, desde los pisos más altos caían bloques de hielo, por lo que era desaconsejable acercarse a él. Aun así, en ambos casos tomamos el ascensor hasta el piso 95 para tomar algo en The Signature Room, un bar 360º con unas vistas de infarto de la ciudad. Aunque los precios son caros y el servicio no es el mejor, es más económico que pagar por visitar el mirador del piso siguiente.


The Signature Room es una buena forma de tener las mejores vistas de Chicago

Frente a este gigante, una pequeña construcción llamada Water Tower llama la atención entre tantas modernas construcciones, y más aún cuando uno descubre que fue ideada como bomba para extraer agua potable del Lago Michigan. Precisamente bordeando este enorme lago tuvimos una de las experiencias más agradables en Chicago, tirando millas, sin excesiva preocupación, por el Lakefront Trail, un paseo a pocos metros de la orilla que recorre una gran cantidad de zonas comunes, campos deportivos y playas que para nada esperábamos ver en esta ciudad del Medio Oeste americano.


Allí nos olvidamos por un rato del ruido y el bullicio de la tercera ciudad más grande de Estados Unidos. Esta caminata nos condujo a Navy Pier. Inicialmente concebido como muelle de carga, en la actualidad alberga un parque de atracciones y un centro comercial, ideal para ir a pasar el día en familia.


El Lakefront Trail es un tranquilo paseo a la orilla del Lago Michigan

Otra forma perfecta de conocer esta zona es tomar un crucero por el canal. Nosotros escogimos uno organizado por el Chicago Architecture Center, en el que nos explicaron cómo han ido evolucionando las construcciones en la zona, y como antiguos almacenes se habían convertido con el paso del tiempo en edificios de viviendas. Fue una forma genial de tener una visión general de la arquitectura de Chicago.


LINCOLN PARK


Seguimos un poco más hacia el norte y los grandes edificios dieron paso a bloques de pocas plantas, zonas ajardinadas y espacios abiertos. Eso significaba que habíamos llegado a Lincoln Park, un barrio que toma su nombre del parque que lo separa del Lago Michigan. Nuestro primer objetivo allí era probar las alitas de pollo picantes y las hamburguesas de RJ Grunts, pero una vez cumplido esto y con el estómago lleno concluimos que la mejor forma de bajar la comida era dar un paseo.


Lincoln Park debe su nombre al encantador parque que lo separa del lago

Nos pusimos los gorros para protegernos del frío y nos adentramos en un cuidado zoo en el que, aunque no somos muy amantes de los animales enjaulados, vimos algunas especies bastante curiosas. El camino nos condujo irremediablemente al Education Pavilion, uno de los lugares más "instagrameables" de Chicago. Se trata de un túnel a través del qual la vista del skyline de la ciudad toma un cariz todavía más espectacular. Entre fotos saltando, de espaldas e incluso haciendo el pino, pasamos un buen rato esquivando a las numerosas bodas que acudían a este fotogénico espacio desde todos los rincones del mundo (literal) a inmortalizar su amor.


Education Pavilion es uno de los lugares más fotogénicos de Chicago

UPTOWN


Nuestro concepto de Chicago cambió radicalmente cuando llegamos al punto más al norte de nuestro recorrido. Fuimos a Uptown con el único propósito de asistir a una actuación de jazz en Green Mill, un local que solía frecuentar Al Capone en sus mejores tiempos. Allí actuaba Sheila Jordan, una celebrity de 89 años que se manejaba en el escenario como una verdadera diva. El ambiente era inmejorable y no cabía un alfiler. Por momentos pensamos que un grupo de policías iba a abrir la puerta de repente y a comenzar a disparar a los gangsters que se emborrachaban allí, pese a la prohibición de la venta de alcohol. Y es que hay lugares por los que parece que no ha pasado el tiempo.


Salimos con hambre y nos paramos en el restaurante de al lado del local, llamado Fiesta Mexicana. Y vaya acierto, comida mexicana de verdad en un lugar donde la gente del barrio llenaba las mesas en busca de un rato de diversión y relax.


CHINATOWN


Cambiamos el rumbo de la brújula 180º y nos vamos al sur de la ciudad, donde descubrimos en nuestra segunda visita uno de los barrios más peculiares de Chicago. Chinatown nos recibió con un camión de reparto de pescado sacando piezas a pozales en medio de la calle para abastecer a los restaurantes de la zona, todo un espectáculo que no podíamos dejar de mirar.


En Chinatown vimos cosas que nunca hubiéramos esperado en Chicago

El contraste entre las construcciones occidentales y los carteles en chino resultaba muy curioso y cautivador. Tanto que decidimos quedarnos allí a comer y probar un exquisito hot pot en el restaurante Happy Lamb. Después de eso nos tomamos unos helados enrollados y nos compramos una baratas camisetas en una de las tiendas que tan familiares nos resultan en España.


Vaya hot pot más delicioso probamos en The Happy Lamb

DOUGLAS


Una de nuestras visitas obligadas era el Illinois Institute of Technology, una universidad privada al sur de Chicago. El motivo era que el diseño del campus había corrido a cargo de Mies van der Rohe, uno de los más importantes arquitectos de la historia.


Anna quedó impresionada al adentrarse en el Crown Hall, la sede de la Facultad de Arquitectura, y ver como los estudiantes trabajaban en sus proyectos y maquetas en el interior de uno de los edificios más significantes en la arquitectura del Movimiento Moderno. Su diseño se caracteriza por una estética de simplicidad industrial, con una estructura de acero expuesta y claramente articulada. Nos recordó mucho a otras obras del mismo autor que hemos ido viendo a lo largo de nuestros viajes.


El Crown Hall es el edificio más importante del Illinois Institute of Technology

El campus además nos sorprendió por la cantidad de comodidades que ofrece a los estudiantes, muchas de ellas concentradas en el McCornick Tribune Campus Center, el edificio principal de la universidad.


HYDE PARK


Valientes de nosotros nos fuimos más al sur en busca de la Robie House, una de las más famosas obras de Frank Lloyd Wright en Chicago. Pero el camino hasta allí fue, digamos, interesante. Nada más bajarnos del metro, ya con la sensación de habernos adentrado en uno de los barrios complicados de la ciudad, salimos en busca de la parada de bus. Allí nos dio la impresión que todos los ojos apuntaban hacia nosotros, de hecho, en el trayecto en bus nos sentimos algo incómodos e intimidados. Sin embargo, como en muchos de estos casos, la realidad fue bien distinta y no tuvimos ningún problema en alcanzar nuestro objetivo.


La Robie House, de Frank Lloyd Wright

Una vez en la casa, hicimos la visita guiada que teníamos contratada, donde nos hablaron de la búsqueda de intimidad, la importancia de la iluminación y la influencia japonesa que tenía la vivienda. Un check más en otro de los edificios que ayudaron a cambiar la arquitectura a principio del siglo XX.


Ante la cercanía al lugar, tomamos un nuevo transporte hasta el Museum of Science and Industry, un gigantesco e interactivo museo, muy pensado para niños y adolescentes, en el que nos entretuvimos aprendiendo principalmente sobre astronomía y visitando un submarino alemán que combatió en la II Guerra Mundial.


OAK PARK


Oak Park es un barrio al oeste de Chicago, muy separado del centro, casi totalmente aislado de lo que sucede en The Loop o Magnifient Mile. Allí acudimos siguiendo, como ya habréis comprobado, uno de los clásicos de nuestros viajes, la arquitectura.


Y es que Frank Lloyd Wright había residido y desarrollado gran parte de su obra allí, entre casas unifamiliares y tranquilas calles. Hay varios posibles tours que realizar, organizados por la Frank Lloyd Wright Trust, una fundación que se dedica a la conservación y difusión de la obra del célebre arquitecto.

Ir paseando por un barrio perdido de Chicago y encontrar la casa natal de Hemingway

Entre esas posibles visitas nos decidimos por el Unity Temple, otra de las obras de Wright que han traspasado fronteras hasta convertirse en un icono en el mundo de la arquitectura, y la casa y estudio del genial personaje, donde pudimos descubrir una parte más íntima de su forma de vivir, trabajar e inspirarse.


Ya de vuelta hacia el tren nos encontramos con un cartel que, por inesperado, nos pareció todavía más increíble, y es que allí, a escasos 3 minutos de donde habíamos estado nos encontramos sin quererlo con la casa natal de Ernest Hemingway. Una agradable coincidencia que aún nos hizo alegrarnos más de haber tomado un tren hasta un barrio tan alejado.


NEAR WEST SIDE


Como se dice en inglés, "last but not least", dejamos para el final el Near West Side. El barrio en que nos alojamos en nuestra segunda visita, donde pudimos descubrir que el mundo no se acaba cuando cruzas al oeste del río Chicago.


Nuestra casa en Chicago era súper tranquila

Reservamos un Airbnb en una tranquila calle a pocos minutos del United Center, lo cual nos permitió acudir andando a ver un partido de pretemporada de los Chicago Bulls en una de la canchas que más veces han visto hacer magia a Michael Jordan, el mejor jugador de la historia del basket.


El show del deporte americano no defrauda nunca, incluso en partidos de menor importancia como este, así que lo pasamos en grande tratando de aparecer en las pantallas gigantes o de alcanzar algunos de los objetos que lanzaban a la grada en los tiempos muertos.


El United Center ha visto jugar al mejor baloncestista de la historia

Pero no solo eso, hicimos también un tour guiado por Goose Island, la cervecería artesanal más importante de la ciudad. Allí, un guía que parecía haber bebido más tragos que nosotros, nos explicó de manera muy amena todos los estilos que trabajan en esta creciente empresa que todavía parece conservar los valores de cercanía que tanto nos gusta ver en este tipo de lugares.


Una visita guiada a Goose Island fue de las cosas que nos quedaron pendientes en nuestra primera visita a Chicago

También descubrimos el lugar ideal para tomar un desayuno casero. Tras varios días de copiosas comidas y mientras caminábamos hacia The Loop comenzamos a soñar con unas tostadas de aguacate y unos batidos naturales. Nuestros deseos se hicieron realidad a los pocos minutos de salir de casa, en Ricano's, un restaurante mexicano con un trato exquisito y una comida para chuparse los dedos.


También relacionado con la comida, el Fulton Market es un lugar perfecto para acudir a cenar cualquier noche. Ambiente joven y restaurantes de moda copan las dos aceras de este moderno espacio ideado para disfrute gastronómico. Allí sucumbimos ante las hamburguesas del Shake Shack, en el cual no pudimos evitar repetir las mejores hamburguesas de comida rápida que hemos probado en nuestra vida.


Si buscas restaurantes por Chicago, acércate a Fulton Market

Y es que a Chicago nadie debería compararla con Nueva York. Son dos ciudades completamente diferentes. Para nosotros Chicago refleja mucho mejor el carácter y la corta historia americana. Es una ciudad enorme, pero al mismo tiempo acogedora y cómoda, con un transporte público eficiente y atracciones para todos los gustos. No sabemos si el destino nos llevará hasta allí por tercera vez, pero si así fuera seguro que seguiríamos descubriendo cosas nuevas en esta magnífica ciudad.

A continuación os dejamos el mapa con todos los lugares

qué ver y dónde comer en Chicago:

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