La Vall de Boí. Esquí, cultura y naturaleza.

Actualizado: may 13

Pasar los últimos días del año en el Vall de Boí fue una de la mejores decisiones que hemos tomado en mucho tiempo. Y es que este conjunto de pequeñas poblaciones del norte de la provincia de Lleida reúne todos los condicionantes para disfrutar de unos días geniales en familia, que fue nuestro caso. Una estación de esquí cómoda y accesible, una gastronomía excelente, una oferta cultural de alto nivel y un entorno natural incomparable.


El Vall de Boí es una zona privilegiada por su entorno natural

La primera impresión al llegar a la zona es que íbamos a tener dificultades para llenar los días con planes, pero nada más lejos de la realidad. Hay muchas cosas que ver y hacer en este conjunto de valles y montañas. Teniendo en cuenta que entre los viajeros que nos acompañaban venía un miembro de tan solo año y medio, sabíamos que sería un viaje diferente y especial.


ESTACIÓN DE ESQUÍ BOÍ TAÜLL


Tras dejar las maletas en el apartamento que habíamos reservado en el tranquilo pueblo de Durro, nos apresuramos a ponernos ropa de abrigo y acudir rápidamente a las pistas de esquí para disfrutar de la Baixada de les Torxes, una tradición anual que se celebra en Boí-Taüll en la que, al caer la oscuridad completa sobre las pistas, un grupo de privilegiados hace una bajada conjunta portando una antorcha encendida cada uno de ellos, iluminando con un rastro de fuego la montaña. Un espectáculo digno de ser visto. Allí arriba, bien abrigados, esperamos a ver el acontecimiento más esperado mientras disfrutamos del anochecer.


Después de esto, bajamos con la intención de probar alguno de los restaurantes que habíamos preseleccionado durante el trayecto de ida, pero no caímos en la cuenta que esa noche el evento atraía a multitud de visitantes que colapsaban todos los locales del valle. Tuvimos que llamar a más de diez restaurantes diferentes hasta que, cuando casi nos dábamos por vencidos, recibimos una respuesta positiva del restaurante El Plató, en Barruera, donde cenamos muy a gusto en un local sin mayores pretensiones.


Nos gustó mucho la estación de esquí de Boi-Taüll

Antes de cenar, aprovechamos la espera para visitar una cervecería llamada La Birra es Bella, que cuenta con una extensa carta de cervezas artesanales locales e internacionales, impropia de un lugar tan apartado, incluso para Barruera, el núcleo de población con más oferta gastronómica y comercios del municipio del Vall de Boí.


Después de la avalancha de gente que habíamos visto la noche anterior en la estación de esquí, madrugamos a la mañana siguiente para poder tener hueco en el aparcamiento y gestionar el forfait y alquiler de equipos lo más rápido posible. Sin embargo, cuando llegamos a las 8:30 am apenas había colas y todos estos trámites resultaron muy rápidos. En pocos minutos estábamos a más de 2.500 metros de altura a punto de hacer nuestra primera bajada. El "peque" del viaje se quedó junto a su mamá en el parque infantil de la estación.


La estación está ubicada a más de 2.000 metros de altura, rodeada de los más altos picos de los Pirineos

La estación de esquí de Boí Taüll, pese a su tamaño no excesivamente grande, nos sorprendió por su buena organización, por la cercanía de sus empleados y por la comodidad y amplitud de sus pistas. Es cierto que algunas de sus instalaciones, como por ejemplo las cafeterías, merecen una renovación, pero disfrutamos de dos días de esquí estupendos en familia. Hay que destacar también la amplia zona que la estación dedica al entretenimiento de los más pequeños, que disponen de un parque, una guardería y una zona para trineos.


Por la tarde del segundo día de esquí decidimos buscar una actividad diferente, que nos acercara a la naturaleza desde otro punto de vista, y la encontramos en una ruta con raquetas de nieve organizada por la propia estación. Nuestro sobrino también pudo gozar de la experiencia ya que su papá lo porteaba en una mochila. El guía, muy simpático, nos llevó por una ladera cuesta arriba atravesando zonas de nieve virgen que se alternaban con otras más heladas. Hicimos varias paradas para analizar las huellas de los animales que habían pasado por allí o para que el guía se explayara contando, de forma muy amena, leyendas típicas de los Pirineos.


En Boí-Taüll vimos uno de los atardeceres más espectaculares

La llegada al punto más elevado coincidió con el momento en que se empezaba a poner el sol, "la hora mágica" según rezaba el título de la excursión. Las vistas a los picos más elevados de los Pirineos, incluido el Aneto, eran preciosas, y la luz rojiza le dio al momento la magia que prometía. Una vez llegamos a la oscuridad total, y tan solo iluminados por la luz de la luna, todos nos quedamos tumbados sobre la nieve, en silencio absoluto y, con los ojos cerrados, disfrutamos de nuestro momento mindfulness.


La bajada fue muy divertida, pues aprovechamos una de las cuestas para sentarnos sobre el manto blanco y dejarnos caer a modo de trineo, antes de regresar al punto de información de la estación, ya totalmente vacía bajo una oscuridad solo rota por las máquinas que preparaban la nieve para el día siguiente.


IGLESIAS ROMÁNICAS DEL VALL DE BOÍ - PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD


Uno de los principales atractivos del Vall de Boí es el conjunto de iglesias románicas repartidos por sus diferentes núcleos de población, que están consideradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Estas construcciones se pueden visitar en diferentes horarios e incluso hay un bono de 10€ que incluye la entrada a 5 de ellas, precisamente el que decidimos comprar nosotros.


Descubrir el románico es otra de las actividades que se puede hacer en el Vall de Boí

La primera ronda de visitas la comenzamos cuando el sol comenzaba a caer, ya que queríamos ver los templos iluminados con los focos que hay dispuestos a su alrededor. El punto de partida fue Durro, donde estábamos alojados. Allí se encuentra la Iglesia de la Nativitat de Durro, en el que empezamos a aprendernos los elementos clave que iríamos viendo a menudo en el resto de lugares. Contemplamos su pequeña nave interior, el porche y el cementerio, e incluso subimos a lo alto del campanario, desde donde sus estrechas ventanas nos dejaron entrever el pueblo de Durro.

Las iglesias son preciosas tanto de día como de noche

Tomamos el coche y nos desplazamos a Taüll, donde se encuentra la que probablemente sea la iglesia más conocida del conjunto, la de Sant Climent de Taüll. Aunque estaba cerrada para visitar su interior, pudimos admirar su encantadora arquitectura exterior, dominada por un precioso campanario.


Desde allí recorrimos la cuesta que nos condujo a la parte más elevada del pueblo, donde en la plaza principal descubrimos otra maravillosa representación del románico, la iglesia de Santa Maria de Taüll, que a diferencia de las demás, se encuentra integrada en el centro del pueblo. Le dimos la vuelta disfrutando también de las bonitas casas que la rodean antes de regresar a Durro para descansar de cara a la siguiente jornada de esquí.


Aprovechamos la única mañana que no acudimos a las pistas de Boí Taüll para ver de nuevo el conjunto de iglesias, en esta ocasión a plena luz del día, en todo su esplendor y admirando el entorno montañoso que todavía da un aire más dramático a su tosca pero valiosa arquitectura. En este caso, nuestra primera parada fue la ermita de Sant Quirc de Durro, situada en un increíble mirador al suroeste del pueblo. Además del encanto del pequeño templo, las vistas al valle y al pueblo de Barruera nos dejaron más que impresionados. Estábamos a solas en ese remoto paraíso.


El Mirador de Sant Quirc de Durro es uno de esos lugares mágicos que uno se encuentra de vez en cuando

Desde allí bajamos de nuevo a Barruera, donde visitamos la segunda de las iglesias del día, la de Sant Feliu de Barruera. Lo que más nos gustó fue subir a lo alto del campanario y apreciar las vistas al río Noguera de Tor, que discurre a pocos metros del pueblo. Además, coincidió nuestra visita con el repicar de las campanas, que nos pegaron un buen susto cuando se pusieron a sonar a pocos centímetros de nuestras cabezas. Pusimos rumbo de nuevo a la iglesia de Sant Climent de Taüll, que de día aún nos pareció más hermosa que de noche, gracias al punto estratégico en que está situada, rodeada de montañas y de las pintorescas calles de Taüll.


Sant Climent de Taüll es uno de los máximos exponentes del románico en la zona

Esta vez pudimos también admirar su interior y presenciar una proyección que se ofrece varias veces al día. En ella se muestra cuál era el estado original de las pinturas del interior de la capilla principal. Fue verdaderamente interesante pensar como los habitantes del pueblo asistían a misa hace siglos, implorando ante tales pinturas algo menos de nieve, un elemento que actualmente es fuente de riqueza pero que históricamente ha causado muchos problemas para la supervivencia de personas y ganado en un lugar tan apartado.


Volvimos a adentrarnos en Taüll para conocer Santa Maria de Taüll, la única de las iglesias que se puede visitar de forma gratuita. Tras ello nos paramos unos minutos a descubrir a la luz del sol sus bonitos callejones con vistas a las montañas nevadas, justo antes de ir a comer al restaurante El Fai, donde tomamos un exquisito menú a base de carnes de la zona.


Al fondo de los callejones de Taüll se ven los bonitos picos pirenaicos

Concluimos nuestro viaje al románico en la Iglesia de Sant Joan de Boí, enclavada en las afueras del pueblo. Este templo destaca por ser el que mejor conserva las pinturas de su interior, algo que pudimos comprobar con nuestros propios ojos. Las figuras hieráticas, con las imágenes de la virgen y los santos y la figura dominante del Pantocrátor, y el juego de colores caracterizan unas pinturas simbólicas y de gran creatividad, que representan uno de los hitos más altos del arte románico a nivel internacional.


Además, encontramos varios paneles explicativos de la historia de la restauración de este conjunto de edificios, en la que mucho tuvo que ver la expedición liderada a principios del siglo XX por el arquitecto modernista barcelonés Josep Puig i Cadafalch, acompañado del fotógrafo Adolf Mas. El impacto de esta expedición fue tremendo, pues estas iglesias nunca antes se habían fotografiado ni descrito y, cuando los estudiosos las visitaron por primera vez, conservaban gran parte del mobiliario litúrgico medieval, y sus pinturas murales, muchas de las cuáles se trasladaron pocos años más tarde al Museo Nacional de Arte de Cataluña.


Las iglesias románicas son un atractivo del Vall de Boí que nadie debería perderse

Todo este conjunto románico de la Vall de Boí se caracteriza por la unidad de estilo arquitectónico. Estas construcciones se realizaron durante los siglos XI y XII siguiendo los modelos provenientes del norte de Italia, del románico lombardo, que destaca por la funcionalidad y sencillez de sus construcciones (de una o tres naves), el cuidadoso trabajo de la piedra, los esbeltos campanarios de torre y la decoración exterior de arcos ciegos y bandas lombardas.


Además, el románico catalán se caracteriza por la delicadeza, la sobriedad y la integración en el paisaje pirenaico. Dentro de esta sociedad austera medieval, ligada al entorno natural y fuertemente jerarquizada, la iglesia cumplía, no sólo una función religiosa, sino que también tenía un importante papel social, como lugar de reunión y refugio del pueblo.


En el caso del Vall de Boí, esta función social de los templos se evidencia en la utilización de sus esbeltos campanarios de torre como elementos de comunicación y vigilancia. Siendo éste uno de nuestros estilos arquitectónicos preferidos, recomendamos encarecidamente la visita a esta excepcional concentración de patrimonio románico, conservado a lo largo de muchos años sin haber sufrido grandes modificaciones que hayan alterado significativamente su arquitectura original.


PARQUE NACIONAL DE AIGÜESTORTES


Para concluir nuestra estancia en el valle no queríamos dejar pasar la oportunidad de acercarnos al Parque Nacional de Aigüestortes. Como no teníamos mucho tiempo, decidimos conducir hasta el Embalse de Cavallers, un maravilloso paraje rodeado de picos pirenaicos de más de 3.000 metros de altura donde nos detuvimos a dejar pasar el tiempo rodeados de pausa y tranquilidad.


Riachuelos, lagos, puentes, árboles, cascadas, ... y solo vimos una pequeña parte del Parque Nacional de Aigüestortes

El camino hasta allí, en paralelo a un precioso riachuelo, cruzando puentecitos y atravesando túneles de árboles, fue uno de los momentos más espectaculares del viaje.


Fue una experiencia genial combinar varias de nuestras pasiones en un entorno privilegiado como éste. Practicar un deporte como el esquí, disfrutar de la gastronomía local, descubrir una nueva actividad en la montaña como las raquetas de nieve, conocer un parque nacional y aprender sobre la historia, la arquitectura y la cultura de los Pirineos. Se puede pedir poco más para una escapada de 4 días en una de las zonas más bonitas que hemos visitado en Cataluña, e incluso en toda España. Un fin de año redondo.


En el mapa que te mostramos a continuación tienes una selección de lugares que ver o dónde comer en el Vall de Boí en una estancia de 4 días.


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