Toledo, guía para recorrer en 2 días la ciudad de las 3 culturas

Actualizado: may 13

Descubrir Toledo es como hacer un viaje por las diferentes épocas de la historia de la Península Ibérica. Conocida como "la ciudad de las 3 culturas", es una de las más bonitas y ricas culturalmente de España y es perfecta para una escapada de fin de semana o una visita de 2 días. Por algo fue declarada en 1986 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Toledo está declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Nosotros aprovechamos unos días de vacaciones en Navidad de 2014 para conocerla a fondo, aunque el tiempo en esa época suele ser bastante frío. Además, ese año se conmemoraba el IV Centenario de la muerte de 'El Greco', pintor griego que vivió y produjo sus obras más importantes viviendo en Toledo, una de las ciudades más importantes de Europa a finales del siglo XVI.


La primera pregunta antes de organizar el el viaje fue ¿dónde debe uno alojarse en Toledo? Y realmente creemos que encontramos la respuesta perfecta a esta pregunta. Un cigarral es una casa de recreo típica toledana situada habitualmente en la orilla sur del río Tajo y cuenta normalmente con un amplio espacio al aire libre. Nosotros encontramos uno llamado Cigarral El Bosque, una maravillosa finca a las afueras de Toledo, en medio de la más absoluta tranquilidad y con unas excelentes vistas, especialmente por la noche, de la iluminada capital de Castilla-La Mancha. El alojamiento cuenta además con un restaurante, donde disfrutamos de una de las mejores cenas del viaje a base de contundentes platos locales como el cochinillo o la perdiz.


Pero desde luego lo mejor del viaje fue el recorrido a pie por las calles de Toledo, que nos llevó a descubrir esta maravillosa población en 2 días de paseo relajado y visita a los más importantes monumentos, que mencionaremos a continuación.


Iniciamos nuestra visita entrando por la Puerta del Cambrón, de estilo renacentista, para adentrarnos en la zona oeste de Toledo y hacer la primera parada en el Monasterio de San Juan de los Reyes, uno de los edificios más importantes de la ciudad. En este monasterio de estilo gótico, construido a petición de los Reyes Católicos, nos impresionó mucho el espectacular patio interior, gracias a sus ornamentados arcos y su cuidado jardín central.


Monasterio de San Juan de los Reyes

Una de las grandes ventajas de Toledo es que todos los puntos de interés se encuentran ubicados en el interior de la ciudad antigua, totalmente rodeada por el río Tajo, así que en menos de un minuto habíamos caminado por la calle de los Reyes Católicos, pasado la bonita plazoleta que se forma en el cruce con la calle del Ángel y alcanzado nuestro siguiente objetivo, la Sinagoga de Yosef ben Shoshan, más tarde convertida en Iglesia de Santa María la Blanca. Este templo de estilo mudéjar fue construido en el siglo XII y en la actualidad se puede visitar por dentro para contemplar su ornamentación, su preciosa nave con arcos de herradura y su suelo lleno de mosaicos. Una auténtica joya.


Pasear por las calles de Toledo es una delicia

Y es que nos estábamos adentrando en pleno barrio de la Judería, donde se asentaron los judíos que habitaron Toledo. Una zona llena de callejones de suelo adoquinado y recovecos en la que nos trasladamos a una época en que no paraban de pasar por allí rabinos, comerciantes o sabios que visitaban alguna de las diez sinagogas de la llamada "ciudad de las 3 culturas".


Pero poco duró esta ensoñación, ya que en unos pocos pasos nos topamos con la Iglesia de Santo Tomé, donde comenzó nuestro descubrimiento del pintor más importante de la historia de Toledo. Dicho pintor, El Greco, nació nada menos que en Creta, en Grecia. En esta iglesia pudimos ver El entierro del Conde Orgaz, una de las pinturas más famosas del artista, una obra llena de significado y curiosidades.


Esto nos abrió el apetito sobre el pintor griego, así que recorrimos los pocos pasos que nos separaban del Museo del Greco, atravesando el Paseo del Tránsito. Allí pudimos aprender un poco más sobre este interesante personaje que, con el paso de los años, se acabó convirtiendo en un toledano más.


Vistas al río Tajo desde el Mirador del Paseo del Tránsito

Completamos nuestra visita a este barrio con otro de los lugares que nadie debería perderse en Toledo, la Sinagoga del Tránsito y el anexo Museo Sefardí. Casi únicamente por entrar al templo ya vale la pena acercarse a esta ciudad, ya que su muro y su artesonado son de un valor artístico incalculable. En el museo pudimos aprender un poco más sobre la forma de vida de los judíos que habitaron España hasta su expulsión a finales del siglo XV, cuando muchos de ellos tuvieron que refugiarse en Marruecos, como aprendimos en nuestra visita a Marrakech.


Antes de ir a protegernos del frío a un restaurante cercano y probar la sopa castellana y una buena ración de venado, nos paramos a contemplar el meandro del río Tajo desde el Mirador del Paseo del Tránsito. Un auténtico espectáculo al nivel de la ciudad que bordea.


Desde lo alto de la Iglesia de los Jesuitas se disfrutan las mejores vistas de Toledo

Tras la comida nos dejamos llevar hacia el centro de la urbe, concretamente en dirección a la Iglesia de los Jesuitas. Allí decidimos subir al punto más alto del templo y disfrutar de una vista privilegiada de la ciudad, que nos hizo sentirnos como unos reyes medievales que contemplaban sus tierras. Esa sensación nos llevó a pensar que éste era uno de los mejores puntos desde donde se puede contemplar el casco histórico, algo que nadie debería perderse.


A pocos minutos de allí se encuentra uno de los templos góticos más importantes de España, la Catedral de Toledo, cuya construcción se dilató más de 2 siglos, hasta la época de los Reyes Católicos. En ella nos detuvimos para recorrer su enorme nave principal, rodeada de pequeñas capillas. Una visita imprescindible dentro de nuestra ruta por la antigua capital de España. Cuando salimos de la Catedral nos sorprendimos de la preciosa iluminación que alumbraba los edificios más importantes, debido al ocaso que se producía tempranamente, algo normal en la época del año en que visitamos Toledo. Por ello decidimos dedicar el resto del día a perdernos por callejuelas y relajarnos, algo siempre muy importante en nuestros viajes.


La mañana siguiente amaneció de nuevo muy fría, pero eso no nos paró en nuestro empeño por conocer cada rincón de la capital castellano-manchega. Y qué mejor manera para entrar en calor que visitar el más icónico de los edificios de Toledo, ese que se puede ver desde casi cualquier punto alrededor de la población. El Alcázar es una fortaleza militar cuya ubicación le ha proporcionado gran importancia estratégica a lo largo de toda su historia, desde su fundación en el siglo III, en época de dominio romano, hasta la Guerra Civil Española, en los años 30 del siglo pasado.


Puerta de Valmardón o de Bab al Mardum, muy cerca de la Mezquita del Cristo de la Luz

Es un lugar imprescindible para cualquier viajero que pise Toledo y vale la pena recorrerlo con audioguía, ya que la cantidad de historia que ha sucedido entre sus muros es digna de ser escuchada.


Todavía impresionados por lo que habíamos visto continuamos nuestro recorrido hacia el norte de la ciudad, cruzando por una de las plazas más animadas, la de Zocodover, hasta llegar a una de las zonas más modernas de la urbe, el Paseo del Miradero, ubicado en un nivel inferior al resto de la zona antigua. Salvamos el desnivel gracias a unas escaleras mecánicas instaladas allí el mismo año de nuestra visita, en 2014, que nos dió acceso al nuevo Palacio de Congresos de Toledo, obra del arquitecto navarro Rafael Moneo y el urbanista barcelonés Joan Busquets. Este edificio queda completamente mimetizado con el casco antiguo, sin romper la imagen de la ciudad imperial, ya que está construido desde la propia roca, haciendo un uso favorable y muy bien estudiado de las diferencias de nivel que tiene la calle. Es sobre su cubierta donde encontramos los jardines del Miradero, nuevo pulmón verde de la zona histórica.


Ya fuera de la antigua ciudad amurallada, caminamos hacia el oeste, en busca de la más importante representación de la única religión que nos faltaba por descubrir en Toledo, la musulmana. Cruzamos la Puerta de Valmardón o de Bab al Mardum, para visitar la Mezquita del Cristo de la Luz, la mejor conservada de las diez que llegó a albergar la ciudad. El edificio nos pareció precioso, especialmente por su cuidado aspecto exterior.


Mezquita del Cristo de la Luz

Es curioso pensar como en una cierta época llegaron a coexistir en un reducido espacio y de una forma más o menos pacífica tres religiones que en la actualidad parecen completamente enfrentadas. Un ejemplo parecido al que pudimos experimentar en primera persona en nuestro viaje a Malasia, donde la convivencia entre diferentes religiones debería ser un ejemplo para muchos otros países.


Una vez visto el corazón de Toledo, quisimos descubrir un elemento que nos venía atrayendo desde el primer momento que pisamos tierras toledanas, el río Tajo. Así que iniciamos un tranquilo y sosegado paseo a orillas del río desde el Puente de San Martín, posiblemente el puente más bonito de Toledo. Allí comenzaba una senda ecológica que nos pareció una verdadera maravilla. A escasos metros de la ciudad, pero completamente aislados de ella, caminamos disfrutando de la naturaleza, cruzamos los restos de unos antiguos baños árabes y nos detuvimos en una playa desde donde contemplamos y escuchamos el ruido provocado por un pequeño salto de agua que cruza el Tajo de orilla a orilla.


Puente de San Martín, sobre el río Tajo

Pero aún faltaba el colofón, y es que no quisimos dejar pasar la oportunidad de visitar El Bohío, uno de los restaurantes más famosos de la provincia, localizado en Illescas, a mitad camino de Madrid. Allí degustamos los célebres callos del conocido chef Pepe Rodríguez. Fue una verdadera delicia de comida y una gran forma de poner punto y seguido a nuestras aventuras por la geografía española.


Y es que Toledo tiene de todo, cultura, historia, arquitectura, gastronomía, y un encanto que la convierte en una de nuestras ciudades favoritas de España. Un destino que nadie debería pasar por alto.


A continuación dejamos el mapa que sirve de guía para una visita de 2 días en Toledo:


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