Marrakech: 10 cosas que no te puedes perder en un viaje de 4 días

Actualizado: may 13

Visitar Marrakech es como cruzar una puerta temporal hacia un pasado que te atrapa en un mar de callejuelas, aromas, mezquitas, bullicio y puestos callejeros. La ciudad más bonita de Marruecos tiene mucho más que ver y que visitar que sus zocos, y no solo merece la pena recorrerla con el objetivo de encontrar gangas. Esconde detrás una rica cultura e historia, muy marcada por su pasado bereber. Te invitamos a descubrir esta maravillosa ciudad del norte de África con nosotros.


Marrakech es una ciudad que atrapa

En nuestros 4 días en Marrakech nos propusimos encontrar diferentes ángulos desde los que poder tener una amplia perspectiva de ésta, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Y después de haberla recorrido con calma, estas son para nosotros las 10 cosas que nadie debería perderse en una visita a Marrakech.


1. VIVIR LA PLAZA DE JAMAA EL FNA


Podríamos llamar a Jamaa El Fna también la plaza de las mil caras, ya que cambia completamente conforme va avanzando el día y puede pasar de ser el lugar más tranquilo del mundo a las 9 de la mañana, a un auténtico ir y venir de músicos, vendedores ambulantes, tatuadoras de henna y encantadores de serpientes cuando cae la noche. Pero lo que está claro es que esta enorme explanada te embruja nada más pones un pie en ella, y así nos pasó a nosotros.


Los atardeceres de Jamaa El Fna son mágicos

Es el centro de la vida de la Medina, desde donde parten decenas de callejones hacia los diferentes zocos y una bonita avenida con la Mezquita más importante de la ciudad de fondo, la Koutoubia.


Conforme va avanzando la tarde, la explanada se llena de puestos de comida. Los trabajadores de dichos restaurantes ambulantes trataban de captarnos con un método muy directo, casi echándonos en cara que no nos sentáramos a comer con ellos, como si estuviéramos despreciando su comida. Pero como en todos los casos en este país, hay que saber abstraerse de esa locura y disfrutar del ambiente sin que las continuas ofertas te hagan sentirte agobiado.


Por la tarde, la plaza más importante de Marrakech adquiere un ambiente impresionante

Para los que buscan una visión más tranquila, Jamaa El Fna cuenta con innumerables terrazas en los edificios que la rodean, desde las que vale la pena detener el tiempo y observar como parece que todo en la plaza sucede a cámara lenta desde la distancia. El mejor momento para acudir a una de esas terrazas es poco antes del atardecer, para ver caer el sol por los edificios del noroeste de la plaza saboreando un buen zumo de frutas. Nosotros lo hicimos en un lugar llamado Taj'in Darna, donde encontramos una mesa en primera fila, alejados de los lugares más concurridos de la plaza.


2. ADMIRAR LA MEZQUITA KOUTOUBIA Y SUS ALREDEDORES


La Koutoubia es la mezquita más importante de Marrakech

En nuestra primera mañana en Marrakech habíamos reservado una visita guiada gratuita de más de 4 horas por los puntos más importantes de la ciudad imperial. Lo teníamos contratado desde España, con una de las empresas más importantes que gestiona este tipo de actividades, con la que también contratamos los transportes entre la Medina y el Aeropuerto. Realmente todo funcionó muy bien.


Esta visita comenzó por el edificio más importante de la ciudad, la Mezquita Koutoubia, un templo de culto musulmán construido por los almohades bereberes en el siglo XII, en el color de todas las edificaciones de la ciudad, el terracota. Destaca su enorme minarete, que fue tomado como modelo para la construcción de la Giralda de Sevilla, aunque en el caso marroquí la ornamentación es mucho más sobria, con pequeñas ventanas en forma de herradura.

El minarete de la Koutubia sirvió como modelo para la Giralda de Sevilla

Cruzando el parque contiguo a la mezquita se llega a la puerta de La Mamounia, un precioso hotel de lujo cuyo hall y jardín exterior es posible visitar algunos días de la semana. Es curioso recorrer su interior, colmado de tiendas de lujo, a modo de zoco, pero solo al alcance de los bolsillos más privilegiados, en contraste con lo que se vive a escasos metros de allí. En aquel lugar nos sentimos por unos segundos como un par de celebrities.


La de Bab Agnaou es una de las 19 puertas de la Medina

A pocos minutos a pie se encuentra una de las 19 puertas de la ciudad de Marrakech, la de Bab Agnaou, también construida en la época del imperio almohade. Esta entrada da acceso a través de un largo callejón a la Mezquita de Moulay El yazid, donde se encuentran las famosas Tumbas Saadíes, el lugar donde están enterrados los más importantes representantes de la dinastía Saadí. No las visitamos por dentro debido a las largas colas en la puerta, pero, en caso de hacerlo, se recomienda elegir las primeras horas de la mañana o las últimas de la tarde.


Los alrededores de esta mezquita realmente son muy representativos de la vida de Marrakech en épocas pretéritas, en las que convivían en armonía los habitantes originales de la ciudad, los judíos y musulmanes expulsados de Al-Andalus tras la reconquista por parte de los cristianos. Esto se ve reflejado en las diferencias arquitectónicas entre las distintas casas ubicadas unas al lado de las otras.


3. VISITAR EL PALACIO DE LA BAHÍA Y RECORRER EL MELLAH


El Palacio de la Bahía nos pareció uno de los lugares más bonitos de Marrakech. Es un palacio del siglo XIX, construido para el visir Ba Ahmed, que ostentó el poder mientras el sultán era menor de edad y lo aprovechó para enriquecerse y disfrutar de los placeres de la vida. Este mandatario usó su influencia para montarse un auténtico harén, dividido en varias zonas. Las salas principales, entre las que destaca la sala reservada para su favorita, con una preciosa ornamentación, estaban dedicadas a sus esposas y dan directamente al precioso patio principal. En una zona más apartada se encuentra la ubicación de sus concubinas, al lado de un enorme patio abierto y con suelo de mármol blanco, ideado para organizar eventos.

El Palacio de la Bahía es uno de los lugares más bonitos de Marrakech

El palacio se encuentra en una de las esquinas de el Mellah, el barrio judío de Marrakech. Este barrio llego a contar con 16 mil judíos en torno al siglo XVI y vivían separados de la Medina por una muralla, para evitar conflictos. En la actualidad quedan pocos habitantes de esta religión, pero el barrio mantiene un aire diferente, con estrechos y laberínticos callejones en los que merece la pena perderse. Nos pareció muy curioso visitar la sinagoga Salat Alzama, más que por su arquitectura, por comprobar por nosotros mismos que el judaismo sigue presente en Marruecos.

Merece la pena perderse por los callejones del barrio judio de Marrakech, el Mellah

Pero si por algo nos encantó caminar por el Mellah fue por ver los preciosos puestos en el zoco de las especias, junto a otra de las plazas más bonitas de Marrakech, la de Ferblantiers. Allí nos quedamos muy sorprendidos al descubrir como en la plaza los precios de algunas de las especias más codiciadas, como el ras el hanout, podía multiplicar por 10 los precios del mismo producto en el interior del zoco.


4. RELAJARSE EN EL JARDÍN SECRETO DE MARRAKECH


Como siempre pasa en los viajes, las joyas ocultas o los lugares más inesperados son aquellos que más huella te dejan. Después de relajarnos y ocultarnos del intenso calor en la piscina de nuestro riad, nos decidimos por visitar el Jardín Secreto, un complejo rehabilitado en 2016 tras casi 80 años de abandono. Está ubicado en una de las calles principales del norte de la Medina, cerca de la Medersa de Ben Youssef, que no pudimos visitar por estar en proceso de restauración. Este jardín se esconde tras una puerta que para nada deja entrever lo que oculta en su interior.

El Jardín Secreto es un oasis en medio del bullicio de la Medina

Y es que, además de la enorme belleza de los espacios y el exquisito gusto con el que se han reconstruido sus edificios y caminos rodeados de cuidadas plantas, este antiguo riad sorprende por la manera en que se gestiona el agua en su interior, siguiendo el sistema tradicional de riego basado en un conjunto de canalizaciones en las que las diferencias de altura permiten que todo el jardín y sus fuentes sean regadas con el agua procedente de los manantiales de la cordillera del Atlas.

Es impresionante el sistema de riego del Jardín Secreto

Nos paramos un buen rato a disfrutar del excepcional vídeo explicativo de este sistema de canalización, que además pudimos comprobar poco después en los puntos clave del jardín. Salimos de allí con ganas de reflexionar sobre lo que habíamos visto y qué mejor manera que subirnos a una terraza a tomar un té, mientras el sol se escondía entre un mar de mezquitas y casas en la Medina. Y lo hicimos en un lugar llamado Atay Cafe, con una ubicación privilegiada.


5. SALIR DE LA MEDINA PARA CONOCER EL JARDÍN MAJORELLE Y EL MUSEO YVES SAINT LAURENT


Por suerte, los franceses respetaron la altura y el color de las construcciones tradicionales de Marrakech, algo que pudimos comprobar en nuestra visita a la zona nueva de la ciudad (Gueliz) para conocer algunos de los lugares más bonitos que han quedado como herencia de la época del protectorado francés en Marruecos.


En primer lugar, tomamos un taxi desde Jamaa El Fna para acudir al Jardín Majorelle, un remanso de paz que en la actualidad se ha convertido en uno de los puntos más visitados por los turistas, atraídos por la combinación entre la cuidada vegetación del jardín y sus edificios de intensos colores azul y amarillo.

El Jardín Majorelle fue comprado y restaurado por Yves Saint Laurent y su pareja

El estado actual del jardín se lo debemos a Yves Saint Laurent y a su pareja, Pierre Bergé, que lo adquirieron y restauraron en 1980. Para evitar la cola en la puerta, recomendamos comprar la entrada con anticipación por internet. En la misma acera del jardín se puede visitar el museo del diseñador francés, lleno de valiosas creaciones y con una arquitectura exterior que sorprende por su modernidad, pero al mismo tiempo por su integración en el entorno, obra del Studio Ko.


Desde allí tomamos otro taxi hasta el Théatre Royal y vivimos una de las experiencias más desagradables del viaje. Tras ser rechazados por un primer taxista, que quería ganar más dinero del que creíamos adecuado, otro taxi aceptó llevarnos por un importe de 10Dh en un recorrido de poco más de 5 minutos. Sin embargo, cuando le dimos un billete de 20Dh (error, no llevábamos cambio), este trató de quedarse con todo el dinero y, ante nuestra negativa, intentó renegociar el precio. Pasados unos segundos de tensión, nos devolvió 10Dh entre lo que probablemente eran insultos en árabe.

Así nos quedamos después de que un taxista nos intentara estafar

Pasado este pequeño mal trago, paseamos por el amplio Boulevard Mohamed VI, donde vimos el desangelado Teatro Real y la espectacular fachada de la Gare du Marrakech, la principal estación de trenes de la ciudad. Fue ahí cuando decidimos darnos un buen festín comiendo en el refinado restaurante francés Bagatelle.


6. PERDERSE POR LOS ZOCOS


Si hay una forma adecuada de mezclarse en la cultura marroquí, esa es perderse en sus zocos, dejarse llevar en los callejones, observar los productos que se ofrecen y regatear los precios con los comerciantes.


La Medina de Marrakech está completamente llena de este tipo de comercios, que se suelen concentrar por gremios en diferentes zonas. Ya hemos hablado de lo agradable que fue recorrer el zoco de las especias, pero fueron muchas las zonas por las que caminamos.

Este señor nos vendió ras el hanout después de un intenso regateo

Por ejemplo, saliendo de Jamaa El Fna por la Rue des Banques encontramos multitud de tiendas de ropa y bisutería, cerca de la Medersa de Ben Youssef había zonas con gran cantidad de diminutas joyerías y, en el zoco El Bahja, al lado de la plaza principal, nos cruzamos con muchos puestos de souvenirs, imitaciones y algún que otro puesto que se resistía a abandonar su tradicional función y seguía vendiendo encurtidos, fruta o cacharros de cocina. En la calle Dabachi, sin embargo, pudimos disfrutar de diferentes puestos de comida callejera, quizá en un ambiente más local que se convertía en una locura en las últimas horas de la tarde.

Todos los caminos de Marrakech conducen a Jamaa El Fna

La oferta es infinita y las reglas las marca cada uno, así que lo mejor es dejarse llevar, sin demasiada preocupación de la dirección que se sigue, ya que, tarde o temprano y como por arte de magia, algún callejón te acabará llevando de vuelta a la plaza Jamaa El Fna.


7. DARSE UN BAÑO Y UN MASAJE EN UN HAMMAM


Una de las cosas que no queríamos dejar de hacer en Marrakech era acudir a un hammam y lo dejamos para el último día, para volver lo más relajados y exfoliados posible. El hammam es, junto al horno tradicional, la fuente, la mezquita y la escuela, uno de los elementos clave de cada barrio para los marroquíes, como pudimos aprender en nuestra visita a Fez. Allí acuden semanalmente a lavarse y retirar la piel muerta de sus cuerpos con el jabón negro y el guante kessa. Pero nosotros no nos sentíamos preparados para acudir a uno de los hammam tradicionales y tampoco queríamos caer en una de las trampas para turistas que encontrábamos casi a cada esquina de la Medina, con un aspecto bastante insalubre, así que investigamos un poco y encontramos un lugar algo más alejado, pero con un aspecto ideal.


Después de pasar por el hammam nos fuimos a visitar el Hotel La Mamounia

Además, en Les Bains d'Azahara nos permitían tener la experiencia juntos, lo cual terminó de decidirnos por reservar 45 minutos de hammam y un masaje relajante de 1 hora. La experiencia fue de máxima calidad, el interior del local estaba cuidadísimo y el trato recibido fue excepcional. Lo recomendamos como una opción perfecta para parejas que quieran volver de Marrakech totalmente relajadas.


8. ALOJARSE EN UN RIAD EN MEDIO DE LA MEDINA


Así pasábamos las horas de más calor relajándonos en nuestro riad

Sin duda fue un gran acierto reservar un riad cerca de la Plaza Jamaa El Fna, ya que nos permitía pasar las horas de más calor del día a cobijo, pero fue además una grata sorpresa el trato que recibimos en el Riad Dihya, situado en un tranquilo callejón cerca del zoco Dabachi. Allí disponíamos de una habitación con todo lo necesario, pero sobretodo de una magnífica terraza y una pequeña piscina, en la parte alta de la casa, donde disfrutamos de los amplios desayunos y de las tardes de relax.


Y es que es muy complicado encontrar alojamientos en los que te acabes sintiendo como en casa y gracias al personal de este riad, que nos ayudó y dio todo tipo de consejos, en este caso fue así como nos sentimos.


Este tipo de alojamientos típicos de Marruecos suelen contar con muchas zonas comunes y patios abiertos y la gran ventaja es que normalmente están situados muy cerca de las principales atracciones de cada ciudad. Era un verdadero placer salir de allí por las mañanas y encontrarnos en pocos pasos directamente en medio de todo el bullicio de la Medina.


9. COMER Y CENAR EN LAS TERRAZAS DE LOS RESTAURANTES


Uno de los mayores placeres de cada viaje es probar los platos locales. Esto en Marrakech, para nosotros, ocurrió en las terrazas de los restaurantes, que habitualmente ocupan edificios completos. Pero no fue tarea fácil encontrar lugares de cierto nivel, ya que debido al turismo, la zona más concurrida tiene muchos locales muy enfocados a "engañar" al viajero con platos de escasa calidad a precios muy por encima de su valor.


Tuvimos que tirar de Tripadvisor y de las recomendaciones que nos fueron dando por el camino para poder disfrutar de la gastronomía local. Lo conseguimos principalmente en tres restaurantes que os contamos a continuación.


La primera noche nos vimos en Jamaa El Fna sin lugar para cenar y dudando que alguno de los restaurantes de la plaza valiera la pena, así que nos decidimos por un riad escondido al fondo de un callejón, el cual resultó ser una auténtica joya. El Riad Jemaa ElFna Restaurant nos dejó encantados por su cuidado menú, su excelente servicio y una decoración maravillosa. Cruzar la puerta fue como adentrarse en un mundo de tranquilidad y belleza. Fue especialmente emocionante escuchar la llamada al rezo en todas las mezquitas de la ciudad desde la terraza del restaurante, iluminados por la preciosa luna llena que había ese día. Además, la música en directo resultó de muy buen nivel, haciendo de la cena un auténtico placer para los sentidos.


Las terrazas de los restaurantes son lugares perfectos para degustar la gastronomía marroquí

La segunda recomendación la encontramos de casualidad, ya que en realidad queríamos cenar en Color Safrà, un restaurante regentado por unos catalanes que, lamentablemente estaba cerrado esos días. Sin embargo, nos encontramos a los dueños en la puerta y nos derivaron al Kafe Merstan, otro lugar donde cenamos sabrosos platos marroquíes en una terraza que da a un mercado de frutas y verduras.


Para concluir, la última noche, después de tomar una cerveza en la idílica terraza de Le Salama, uno de los pocos locales de la Medina que sirve alcohol, acudimos a cenar a un lugar perdido entre tiendas de bisutería al sur de la plaza principal, Un Déjeuner a Marrakech, donde cenamos platos fusionados entre la cocina marroquí y la occidental, regados con vinos locales, en un ambiente más que agradable.


10. RECORRER EL PALMERAL DE MARRAKECH EN QUAD


Decidimos no hacer excursiones largas para poder aprovechar al máximo nuestro tiempo en Marrakech, sin embargo, nos parecía una gran idea dedicar una mañana a salir del jaleo de la ciudad y conocer algo de los alrededores. Contratamos la actividad en quad por el Palmeral de Marrakech en el riad, pagando 55€ por un único vehículo en el que iríamos los dos juntos.


Nos recogieron en la plaza principal con una furgoneta que en pocos minutos nos alejó de la Medina para adentrarnos en carreteras poco transitadas rodeadas de escasa vegetación, más allá de algunas palmeras y matorrales. A continuación cruzamos a una zona de resorts, tras la cual llegamos a una pequeña parcela en que había unos cuantos quads aparcados. Tras unos minutos de espera en que no sabíamos muy bien qué iba a suceder, nos dieron un par de cascos y nos hicieron una pequeña prueba para saber si podíamos manejar el vehículo con seguridad.


Lo pasamos en grande recorriendo el Palmeral de Marrakech en quad

Para nuestra sorpresa, hicimos la actividad nosotros solos, junto a un guía que prácticamente no hablaba nada más que árabe. Sin embargo, nos entendimos con él a las mil maravillas. Poco después de salir, nos dejó conducir un quad a cada uno y nos iba indicando los peligros que había en los caminos que íbamos cruzando.


Durante 1 hora y media el guía nos llevó por senderos de cierta dificultad, donde pudimos disfrutar de la conducción con vistas a la cordillera del Atlas, e incluso nos demostró su control del vehículo con una exhibición de saltos y giros espectaculares con nosotros montados atrás. Fue una forma excepcional de cambiar la tendencia general del viaje, descubriendo una cara distinta de Marruecos. Una actividad totalmente recomendable para aquellos que busquen emociones distintas en su viaje.


En resumen, nuestra estancia en Marrakech nos dejó una sensación con muchos contrastes, con momentos increíbles y otros en los que nos sentimos algo decepcionados por la actitud de algunas personas que únicamente buscaban el engaño y el beneficio económico. Y es que, tal y cómo nos dijo un guía, "Marruecos no tiene petróleo, pero el petróleo de Marruecos es el turismo". Pero así y todo, nos fuimos de Marrakech enganchados a este país y a su cultura, sabiendo que había sido un viaje de auténtico descubrimiento y que no tardaríamos en volver a pisar tierras marroquíes.


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