Excursión de un día desde Kioto. Fushimi Inari y Nara

Actualizado: may 13

Una de las cosas que más ilusión nos hacía de nuestra estancia en Kioto era el día en el que íbamos a hacer una excursión a Nara, una de las capitales del Japón medieval. Como contamos en nuestro post sobre Kioto, tras haber pasado un día bastante malo, con gripe, nos levantamos un poco más tarde de lo que solemos hacer cuando estamos de viaje, pero no desaprovechamos la opción y nos pusimos en marcha.


Los famosos toriis de la película Memorias de una Geisha

Además, en Kioto nos habíamos dejado pendiente el templo Fushimi Inari, teniendo en cuenta que se encontraba en el camino a Nara, así que hicimos una parada en nuestra ruta en tren para rememorar las famosas escenas de la película Memorias de una Geisha, caminando entre los ilustres toriis rojos.


Aprovechamos nuestros JR Pass, comprados desde España, que nos permitieron viajar por todo el país de una manera rápida y cómoda, accediendo a una gran cantidad de trenes incluidos en el billete. Tomamos la JR Nara Line, cuya primera parada desde Tofukuyi Station era precisamente Inari.


Como era de esperar, el lugar estaba lleno de turistas, por lo que sentirse como la niña Sayuri corriendo a solas por el templo fue tarea imposible. Sin embargo, el paseo resultó igualmente inspirador, y al mismo tiempo, fue muy curioso ver como cada pocos metros, una joven japonesa, vestida con un colorido kimono, esperaba que su novio/fotógrafo supiera plasmar su belleza en un entorno tan hermoso.


Fushimi-Inari

Recorrimos todos los rincones del santuario dedicado a Inari, deidad japonesa de la fertilidad, cuyas primeras construcciones, que datan del año 711, fueron desplazadas a su ubicación actual a petición de Kōbō-Daishi, fundador de la rama del budismo que descubrimos en nuestra visita al Monte Koyasan.


Después de esta experiencia casi cinematográfica, proseguimos nuestro camino hacia Nara, en un trayecto en tren cuya duración fue inferior a 1 hora.


Nara, en la región de Kansai, fue la capital de Japón entre los años 710 y 784, hecho que la enriqueció con algunos de los templos budistas más importantes del país, entre los que destaca Todai-ji. Pero para llegar hasta este icónico lugar hay que caminar un poco desde la estación de trenes. Nada más salir de ella ya tuvimos la sensación de haber llegado a una ciudad más pequeña que Kioto, pero casi tan turística o más que ésta.


Como pasó durante todo el viaje, los consejos de la web especializada Japonismo resultaron muy útiles para escoger los lugares más interesantes a visitar.


Recorrimos la avenida Omiya-dori, la más importante de la ciudad, donde lo más curioso a comentar es la convivencia en el mismo espacio urbano del tráfico rodado junto con los ciervos merodeando por allí y los turistas que se lanzan a alimentarlos. Estos ciervos son considerados por los sintoístas como mensajeros de los dioses y parecen completamente acostumbrados al contacto con las personas.


Los ciervos de Nara conviven con el resto de elementos de la ciudad

Nos sentamos en un banco a contemplar el espectáculo mientras comíamos un hot dog, al tiempo que una pareja de ancianos locales, muy amables, se nos acercó para ofrecernos unas galletas que acompañaron a nuestro almuerzo. Estas resultaron tener un sabor muy umami.


Decidimos proseguir hasta llegar a la puerta de Todai-ji, que además de ser el edificio de madera más grande del mundo, y de albergar también en su interior al Buda de bronce de mayor tamaño, es un lugar impresionante que te deja perplejo en cuanto lo ves aparecer al final del paseo que conduce a su entrada principal. Obviamente, esta maravilla, declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, merece una visita relajada, recorriendo tanto su interior como su exterior tratando de abstraerse de la multitud de turistas que lo rodea, principalmente de niños que, identificados por los colores de sus gorras, sorprendentemente siguen las instrucciones de sus educadores a pies juntillas.


El templo está rodeado del Nara Park, un enorme parque lleno de zonas verdes y algún lago, que forman un entorno perfecto para este lugar, ya que lo separa del tráfico y permite vivir la experiencia de una forma mucho más pausada.


El templo Todai-ji es el edificio de madera más grande del mundo

Pero no es este el único punto de Nara que nos encantó. No muy lejos del templo principal de la ciudad pudimos disfrutar, en un ambiente mucho más sosegado, del santuario Kofuku-ji, con su impresionante pagoda de 5 pisos, construida inicialmente en Kioto, pero que fue trasladada en dos ocasiones hasta llegar a su ubicación actual, en el corazón de esta histórica ciudad del centro de la isla principal de Japón, Honshu.


Nara Centennial Hall

Y cómo no, también nos interesamos por la arquitectura más moderna, uno de los principales atractivos del país nipón. No es Nara una ciudad muy prolífica en este sentido, pero pudimos encontrar un edificio del que posteriormente fue ganador del Premio Pritzker 2019, Arata Isozaki, autor de gran cantidad de obras también en España.


El Nara Centennial Hall es un edificio multiusos construido en 1999 con motivo de las celebraciones por el centenario de la fundación de la ciudad. Destacan en él la forma ovalada de su nave principal, cuya cuidada fachada con baldosas de cerámica gris trata de rendir homenaje el templo Todai-ji. Adosado en un lateral, un volumen con fachada acristalada forma el acceso al edificio.


Nos quedamos con ganas de pasar más tiempo en Nara, pero a veces los condicionantes inesperados te obligan a cambiar los planes. Aún así pudimos sacar provecho del día y empaparnos un poco más de la fascinante historia de Japón.


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