Qué ver en Kioto en 3 días. La ciudad de los templos y las geishas.

Actualizado: may 13

Planificar qué ver y qué hacer en Kioto en 3 días no fue tarea fácil, ya que el volumen de puntos de interés, unido al aroma a Japón tradicional y cinematográfico que desprende cada rincón de esta ciudad, hace que el tiempo pase más rápido y siempre quede algo nuevo por descubrir.


En el Castillo de Kioto, unas estudiantes nos pidieron una foto

DÍA 1. BAMBOO FOREST Y PABELLÓN DORADO


Llegamos a Kioto a primera hora de la mañana, tras haber pasado dos días en Osaka. Para trasladarnos tomamos el tren en Shin-Osaka. El trayecto duró menos de 30 minutos y estaba incluido en el JR-Pass, el pase para dos semanas que reservamos, y que recomendamos a todo aquel que se vaya a mover en tren por el país.


Nada más llegar ya nos dimos cuenta que habíamos llegado a una ciudad más turística, pero al mismo tiempo algo más tranquila y menos masificada. Dejamos las mochilas en la estación y nos lanzamos a descubrir la que fue capital de Japón durante más de 1.000 años.


Anduvimos poco más de 15 minutos hasta el templo Nishihongan-ji, del cual nos llamó rápidamente la atención su puerta principal, decorada con elementos dorados. Una vez dentro del complejo, nos sentimos pequeños ante el enorme tamaño de los edificios. Pronto nos dimos cuenta de que el templo estaba lleno de fieles que acudían a rezar, especialmente en el salón principal, lleno de pantallas de TV para que todo el mundo pudiera seguir las ceremonias.


El precioso bosque de bambú

Regresamos a la estación para tomar la Sagano JR Line hasta Arashiyama, un barrio del oeste de Kioto, prácticamente fuera de la ciudad. Allí nos adentramos en un lugar maravilloso, el famoso Bamboo Forest Arashiyama. El camino trazado con tablas de madera entre las altísimas plantas de bambú estaba abarrotado de turistas, sobretodo locales.


Pese a la muchedumbre que nos acompañaba, dentro del bosque nos sentimos completamente aislados del entorno urbano en el que nos encontrábamos, y disfrutamos de la sensación de estar caminando por un túnel natural que apenas dejaba pasar unos rayos de sol que reflejaban infinitos tonos de verde.


Desde allí tomamos un bus hacia el norte para ver uno de los iconos de Kioto y de todo Japón, el templo Kinkaku-ji, conocido como Templo del Pabellón Dorado. Le da nombre el edificio situado en medio de un lago, debido a sus dos plantas superiores, recubiertas de pan de oro.


El solo hecho de encontrarse frente a esta pequeña construcción y disfrutar como su color dorado se reflejaba en el agua y contrastaba con el color verde de los árboles que lo rodean fue una experiencia inolvidable.


Anna con el mítico Pabellón Dorado de fondo

Aprovechando la cercanía, paseamos durante 15 minutos para conocer el que probablemente es el jardín zen más famoso de Kioto. El templo en el que se encuentra, llamado Ryoan-ji, desprende paz por los cuatro costados. También nos encantó el lago del complejo, lleno de nenúfares.


Fue en ese momento cuando empezamos a darnos cuenta que, allá donde nos dirigíamos, estaba repleto de pequeños grupos de estudiantes, generalmente acompañados de un adulto, que en algunos casos parecía un maestro, pero en otros casos simplemente un conductor de taxi que se había hecho cargo y cuidaban de esos niños.


Después de este intenso recorrido por el oeste de Kioto, regresamos a la estación a por nuestras maletas y caminamos hasta nuestro alojamiento, un apartamento llamado Holzbau Higashiyama, no muy lejos del bonito barrio de Gion, pero en una zona muy tranquila y apartada de los turistas. Allí nos sentimos como en casa. Tras un pequeño descanso, salimos a cenar a Pound Kyoto Ekimae, un restaurante especializado en carne de Kobe, donde lo pasamos en grande cocinando este manjar en la parrilla situada en el centro de la mesa de nuestra cabina individual. La atención y la privacidad en este local fueron excelentes.


DÍA 2. EL BARRIO DE GION


Durante nuestro segundo día en Kioto decidimos centrarnos en conocer el barrio de geishas de Gion, un cuidado y acogedor distrito donde pudimos conocer algunas de las más arraigadas tradiciones locales.


El templo Yasaka, en el corazón de Gion

Iniciamos el recorrido en el templo Yasaka, que domina el final de la calle Shijō, la más famosa de Gion. Impresiona conforme te vas acercando a la entrada del complejo, especialmente por su espectacular escalera. Ya en el interior, el entorno lleno de árboles y jardines contrasta con el llamativo color rojo de los edificios y toriis. Contiguo al templo se encuentra el parque Maruyama, repleto de cerezos que, en su momento de esplendor con el florecimiento de los mismos, es uno de los lugares preferidos de los habitantes de Kioto.


Desde allí caminamos por la estrecha y encantadora calle Nene-no-michi, llena de negocios artesanales. Entre ellas nos atrajo una pequeña tienda donde vendían libretas y blocs de un papel con un tacto muy suave, hecho y decorado a mano. Tras comprar algunos recuerdos y que nos regalaran un par de origamis que todavía conservamos, nos adentramos en el templo Kodaiji y, posteriormente vimos la impresionante estatua de Buda Ryozen Kannon.


La estatua de buda en Ryozen Kannon

Visitamos el recinto prácticamente en solitario, un lujo en Kioto, así que nos recreamos en las diferentes perspectivas de la estatua, con las montañas de fondo, siempre con los ojos bien abiertos debido a las señales que avisaban de la posible aparición de monos salvajes.


Regresamos a la calle Shijō por el callejón Ishibei-Koji, donde nos cruzamos con varias mujeres que, vestidas con coloridos kimonos, posaban para sus fotógrafos personales aprovechando el entorno incomparable.


A continuación subimos por la calle Matsubara-dori, donde hicimos una parada para comprarnos unos bonitos palillos con nuestro nombre inscrito en japonés, los cuales ahora utilizamos siempre que pedimos o cocinamos comida japonesa en casa. Las vistas desde la zona alta de la calle son muy llamativas. Dominando la ciudad desde arriba se encuentra la llamativa pagoda del templo Kiyomizu, rodeado de montañas.


Templo Kiyomizu, al final de Matsubara-dori

Para sacarle el máximo provecho al día, decidimos comer algo rápido en alguna de los múltiples puestos de comida de barrio, donde probamos dumplings, brochetas de pescado y dorayakis.


Volvimos a pasar por delante del templo Yasaka, ya que nuestra siguiente cita era con la ceremonia del té, en un pequeño local llamado Kyoto En. Allí una mujer vestida con kimono nos demostró a un reducido grupo de visitantes todos los secretos y tradiciones de este evento social de gran importancia en la cultura japonesa. Descubrimos la importancia de los pequeños gestos, la delicadeza, la espiritualidad y el protocolo con el que se deben emplear los diferentes utensilios. Pudimos probar el té matcha, pero esto era lo de menos. La actividad resultó preciosa y la recomendamos al 100%.


Kioto nos estaba encantando y necesitábamos conversar sobre lo que estábamos viendo y viviendo, así que tomamos un autobús que nos llevó al inicio del Philosopher's Path, un tranquilo camino peatonal que discurre en paralelo a un pequeño canal. Allí nos apartamos del bullicio y disfrutamos de una relajante caminata.


Kioto estaba lleno de mujeres vistiendo coloridos kimonos

Estaba empezando a llover, así que, en nuestra búsqueda de cobijo nos topamos con el Gion Corner, un teatro de artes tradicionales japonesas que resultó ser uno de los fiascos del viaje.


El espectáculo era de baja calidad, las explicaciones en inglés nos parecían ridículas y el hecho de que se dejara a los asistentes grabar con el móvil demostraba el poco interés del lugar en preservar la privacidad de su show.


Debimos haberlo supuesto cuando vimos autobuses llenos de turistas en la puerta y, sobretodo, cuando al principio de la actuación nos avisaron que no era posible abandonar el local hasta el final.


Al menos nos reímos recordando algunos momentos esperpénticos. Para quitarnos el mal sabor de boca, nos fuimos a cenar a un local que nos habíamos apuntado por la mañana, de nuevo al lado del templo Yasaka. Cenamos apoyados en la barra de un pequeño restaurante llamado Tepannyi Tavern, viendo como nos cocinaban okonomiyaki, ramen y ensalada de aguacate con baby fish, todo riquísimo. Además, acompañamos la cena con una botella de sake que nos encantó. Para cerrar el día nos fuimos al animado barrio Pontocho, donde tomamos un par de cervezas en el ZAZA Pub.


DÍA 3. CASTILLO NIJO-JO Y SUSHI EN PONTOCHO


Tras el palizón del día anterior, intentamos tomarnos nuestro último día completo en Kioto con un poco más de calma, sobretodo teniendo en cuenta que yo había pasado una noche muy mala, con fiebre y casi sin dormir.


Cerca de casa teníamos el templo Sanjusangendo o de las mil y una estatuas. Es un templo construido en el siglo XII que, más que por su exterior, merece la pena por la gran colección de estatuas de Kannon, esculpidas en madera y cubiertas de hojas de oro. Allí se estaba celebrando un rito religioso del que nos sorprendió las similitudes con los símbolos del cristianismo. Había un sacerdote principal y otros secundarios, todos ellos hombres, que oraban frente a un altar con una imagen de la deidad principal, la cual estaba rodeada de velas y de adornos de color morado. Alrededor, algunos fieles donaban monedas para poder encender más velas.


En la puerta del edificio principal se nos acercaron unas estudiantes que, con un aire muy tímido, nos preguntaron si nos podían hacer una encuesta para un trabajo escolar. Respondimos encantados y les explicamos porque estábamos allí y que otros lugares de Kioto habíamos conocido.


Los cuidados jardines del Castillo Nijo-jo

Nuestro siguiente destino fue el Castillo Nijo-jo, con sus espectaculares edificios, que nos recordaron al Castillo de Osaka, y los cuidados jardines. Nos pareció una visita obligatoria, muy bien explicada en los folletos informativos que se pueden conseguir a la entrada. Un lugar lleno de historia y de belleza al que dedicamos gran parte de la mañana.


Con la idea de adentrarnos y mezclarnos un poco más con los japoneses, comimos en los puestos del mercado Nishiki, una preciosa galería completamente llena de gente que trataba de aprovechar al máximo el tiempo y comer algo rápido en alguna de las infinitas tiendas de encurtidos o pinchos de carne y pescado.


Pasamos la tarde realizando algunas compras y recorriendo los frondosos jardines del palacio imperial de Kioto, cuya amplísima calle principal conduce a la entrada del palacio, situado en el centro del parque.


Y nos despedimos de Kioto cenando sushi en Pontocho, en un restaurante llamado Sushitetsu, situado en uno de los pintorescos callejones llenos de faroles que discurren en paralelo al río Kamo. Sin duda, el mejor momento para pasear por esta zona es por la noche, cuando el barrio adquiere un aire que recuerda a los clásicos del cine japonés.


Allí volvimos a sentarnos en la barra para poder ver de cerca como los cocineros preparaban las piezas de sushi con una velocidad, y al mismo tiempo un estilo al que no estamos acostumbrados. De esa cena siempre recordaremos el sushi de anguila, del cual repetimos varias veces.


Nos retiramos a descansar, ya que al día siguiente íbamos a irnos de excursión a Nara, haciendo una parada en Fushimi Inari, y queríamos estar al 100% para disfrutar de esos lugares que tanta ilusión nos hacían. Sin embargo, no podíamos parar de pensar en cuanto habíamos aprendido de Japón en los tres días que pasamos en Kioto, una ciudad que siempre estará muy arriba en nuestras preferencias.


Pincha y descubre más sobre nuestra experiencia en Japón o sobre los libros que nos han ayudado a entender mejor esta cultura.


En el siguiente mapa dejamos los mejores lugares que ver y donde comer en Kioto, una de las ciudades más bonitas que vimos en nuestro viaje de dos semanas por Japón:

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