Conoce Regensburg, una maravillosa ciudad bañada por el Danubio

Actualizado: may 13


Dice el genio Joaquín Sabina en su maravillosa canción Peces de ciudad, "que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver". Sin embargo, nosotros hemos regresado a Regensburg unas cuantas veces, y en cada una de ellas sigue aflorando un sentimiento que es difícil de explicar.


Yo tuve la suerte de vivir allí durante un año exacto. Fue en la primavera de 2011 cuando, debido a las dificultades laborales en España, Anna y yo tomamos la decisión de poner tierra de por medio por segunda vez.


Pasados los años, y viendo aquella decisión con perspectiva, creo que fue muy acertada por diversos motivos. Por un lado, supuso un aprendizaje enorme a nivel personal y como pareja. Por otro lado, nos ha permitido conocer esta maravillosa ciudad, así como compartirla con muchas personas que son muy importantes para nosotros.


Hecha esta introducción, vamos a iniciar el itinerario de Girando la Brújula por Ratisbona, nombre del asentamiento celta que se hallaba donde ahora se encuentra la ciudad, allá por la Edad de Piedra. Está situada en el estado de Baviera, a unos 125 km de Munich, y es ahora una encantadora urbe de carácter universitario (Universität Regensburg) y abierto. Una de las ciudades más bonitas de Alemania. Hay muchas cosas que ver y que hacer en Regensburg, para la que recomendamos una visita de 2 ó 3 días, con la idea de conocerla y disfrutarla con tranquilidad.


A ORILLAS DEL DANUBIO


Y que mejor punto de partida de la visita que el lugar donde yo vivía, en Keplerstraße 14, justo enfrente de la casa donde pasó sus últimos días Johannes Kepler. Allí se pueden visitar las estancias de dicha casa, que todavía conserva algunos de los muebles y objetos del célebre científico, clave en el desarrollo de las teorías sobre las órbitas de los cuerpos celestes alrededor del Sol.


A unos pasos de allí, un pequeño supermercado de bebidas, el Frizz Getränkemarkt, es el aliado perfecto para los momentos de relax; esos momentos que se merecen tomar una cerveza charlando mientras se observa tranquilamente el tiempo pasar sentado frente al Danubio, justo al lado del Puente de los Candados.


Si en lugar de eso se camina hacia el este, en paralelo al río, a escasos 350 metros nos topamos con el puente más importante de Regensburg, el Steinerne Brücke (Puente de Piedra). Fue construido en el siglo XII y remodelado recientemente. Une la ciudad antigua con el tranquilo barrio residencial Stadtamhof. Es habitual ver atracados justo al lado del puente pequeños cruceros que recorren el Danubio (Donau en alemán) y hacen una parada en Regensburg.


A los pies del puente es obligado detenerse en el Historisches Wurstkuchl, que según algunos datos es el restaurante más antiguo del mundo que continúa abierto, tras más de 500 años sirviendo las típicas salchichas locales. Justo enfrente se ubica un lugar mágico, en el que hemos pasado muchas horas disfrutando de música en directo en uno de los ambientes nocturnos más agradables de Ratisbona; es el Irish Harp.


LAS 4 PLAZAS


Un poco más hacia el sur nos adentramos en el Altstadt o ciudad antigua. La mejor forma de entrar en ella es hacerlo por la Porta Praetoria, una puerta romana, que junto a la Porta Nigra de Trier, es la única puerta de esta época que se conserva al norte de los Alpes.


Una vez en el centro de la ciudad, nuestra propuesta es un recorrido pasando por las 4 plazas más importantes, cada una con un carácter diferente. La primera, Domplatz, es posiblemente la más impresionante de todas, dominada por la espectacular catedral de estilo gótico francés, construida entre 1270 y 1520. En ella no hay que perderse las preciosas vidrieras medievales ni la bóveda de crucería de 32 metros de alto.


En los días veraniegos, la gente llena las terrazas que rodean el templo en busca de unos cuantos rayos de sol.


A pocos metros de allí se encuentra Neupfarrplatz, flanqueada por las estrechas callejuelas del antiguo barrio judío. Una plaza que alcanza su máximo esplendor en la época del mercado navideño, cuando se llena de puestos que sirven el famoso glühwein (vino caliente), pero que alberga cada día de lunes a sábado el Viktualienmarkt, un mercadillo de alimentos, típico en toda ciudad alemana.


Algo más al oeste, la más abierta de todas es Haidplatz, una encantadora plaza triangular rodeada de edificios de colores y llena de cafés y restaurantes.


La ruta de las plazas termina en Bismarkplatz, coronada por el teatro de Regensburg, en la cual nuestra propuesta es hacer una parada en el cercano restaurante Kreuzschänke para degustar el enorme y sabroso schnitzel (filete empanado) que preparan allí.

Para bajar la comida, la mejor opción es dar un paseo hasta la abadía de St. Emmeram, deleitarse en sus tranquilos jardines y en los alrededores del Palacio de Thurn und Taxis, propiedad de esta familia aristócrata alemana, que jugó un papel fundamental en el desarrollo del correo postal en el siglo XVI. Es allí donde se celebra uno de los mercados navideños con más encanto que hemos visitado.


Para los que aún tengan fuerzas, la imagen más icónica de la ciudad se obtiene desde el lado norte del río, muy cerca del borde del Puente de Piedra. Además, una vez aquí, no hay que perderse el Parque Grieser Spitz, en Stadtamhof.


Se encuentra en una de las pequeñas islas que forman las diferentes vertientes del río, y, desde el borde norte del mismo se puede disfrutar de una excepcional panorámica de la desembocadura del Regen en el Danubio. Una zona ideal para esperar el atardecer o sentarse a leer un buen libro.


ALREDEDORES


Para los que echan de menos el mar, en los alrededores de Ratisbona no faltan lagos en los que poder disfrutar de los días de verano, practicar deportes acuáticos e incluso bañarse, siempre que seas capaz de tolerar las bajas temperaturas del agua. Uno de esos lagos es el Sarchinger See, a sólo 15 km del centro de la ciudad. Cuenta con un pequeño bar donde poder tomar un refresco o una cerveza, o incluso comer, así como con playas de arena donde echar la toalla y simplemente relajarse.


En mi caso, hice el recorrido hasta allí en bici, en paralelo al Danubio, disfrutando de un entorno inigualable y cruzando multitud de bonitas poblaciones en las que, pese a la cercanía a las zonas más pobladas, se respira una gran tranquilidad.

Y para terminar dejamos una de las más cautivadoras actividades que se pueden realizar allí. Desde la orilla sur del Danubio, muy cerca del mencionado Historisches Wurstkuchl, es posible tomar un barco hasta el Walhalla, un templo neoclásico que parece construido en medio de la nada, con el único objetivo de vigilar el río, que suele subir de nivel bruscamente en épocas de deshielo.

Pero nada más lejos de la realidad; este edificio de mediados del siglo XIX sorprende por su parecido con el Partenón de Atenas y, especialmente, por los maravillosos paisajes que lo rodean. En su interior hay un museo de bustos de personajes ilustres. Una visita obligada, tanto por la belleza del entorno como por el trayecto en barco, que nos hizo apreciar cómo de afortunados son los habitantes de Regensburg de que su ciudad se vea dividida por un río tan fértil como el Danubio.


Creo que no es necesario dar muchos más motivos de porque no estamos de acuerdo con Sabina, ni de porque, si todo va bien, seguiremos escapándonos a Regensburg siempre que sea posible.


En el siguiente mapa puedes encontrar los mejores lugares que visitar en Regensburg y donde comer o tomar algo en esta preciosa ciudad bávara:

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