Qué ver en Oslo en una escapada de 3 días

Actualizado: may 13

Aprovechamos la conexión de Ryanair entre Valencia y Oslo para conocer la capital de Noruega, en una época del año en que el clima empieza a dar una tregua tras los fríos meses invernales. En Mayo las temperaturas suelen ser agradables, pero la gran ventaja es que hay unas 17 horas de luz al día. Aunque se nos hacía raro ver salir el sol antes de las 5 am, esto nos permitió aprovechar el tiempo al máximo.


En Oslo nos sorprendió la importancia que se da a la naturaleza en este país nórdico

Sin embargo, uno de los aspectos que más nos impactó, pese a que estábamos sobre aviso, fue la escandalosa diferencia de precios con España. Por suerte habíamos reservado un Airbnb y podíamos cocinar en casa, ya que de haber tenido que comer y cenar fuera todos los días hubiera sido un viaje bastante caro.


Pero esto no impidió que lo pasáramos en grande aprendiendo sobre una sociedad que hasta ese momento nos era totalmente desconocida. Oslo es la ciudad más poblada de Noruega y se encuentra situada al sur del país, en la punta del enorme entrante (Fiordo de Oslo) en la zona donde se unen el Mar Báltico y el Mar del Norte. La ciudad destaca por su modernidad así como por la gran cantidad de espacios verdes que la rodean, aunque también es posible aprender sobre la historia de Noruega, especialmente en los museos situados en la península de Bygdøy.


PARQUE DE VIGELAND


Tenemos que reconocer que tuvimos mucha suerte con el tiempo, ya que no nos llovió ni una gota en los tres días que pasamos en Oslo, de hecho estuvo soleado casi todo el tiempo, de manera que pudimos disfrutar de los muchos espacios verdes de la ciudad.

El Parque de Vigeland fue nuestra primera parada en Oslo

Nuestra primera parada nada más aterrizar fue a uno de los parques, quizá el más famoso de Noruega. El Parque de Vigeland ocupa una extensión de 52 hectáreas, en el oeste de la ciudad, dentro de un parque más grande todavía, el de Frogner, y es muy reconocible por las 212 esculturas en bronce y granito, obras del noruego Gustav Vigeland.


Entre esas esculturas, las más importantes son el monolito que preside el parque, la rueda de la vida y el niño enfadado, situada en un bonito puente sobre un canal. Fue una buena y relajada forma de empezar nuestro viaje, en un lugar en que la amplitud de los espacios y el tamaño de las obras de arte te hacen sentir minúsculo.


ALREDEDORES DEL AYUNTAMIENTO DE OSLO


Nuestro siguiente destino fue la zona del Ayuntamiento de Oslo, en el barrio conocido como Sentrum. El consistorio es un tosco edificio de enorme base, con dos torres que parecen estar retando al agua del fiordo. La construcción es célebre principalmente porque allí tiene lugar año tras año la ceremonia del Premio Nobel de la Paz.


El Ayuntamiento de Oslo es un tosco edificio frente al fiordo

Su entorno es extraordinario, una abierta plaza semi-peatonal por la que únicamente circula el tranvía, en cuyo extremo sur, al borde del agua, se agolpan multitud de pequeños barcos y ferrys que conectan la capital de Noruega con las islas cercanas y con otras ciudades. Uno de esos barcos tuvimos que tomar para visitar los museos que se encuentran en la península de Bygdøy, de la que hablaremos más adelante.


Tras disfrutar del ambiente de la plaza durante un buen rato, comenzamos a caminar en dirección al Museo Nacional de Arquitectura. No hay que olvidar que los arquitectos y diseñadores escandinavos fueron referencia a lo largo del siglo XX, y todavía hoy son muy influyentes. Pero antes de llegar al museo pudimos pasear por los alrededores de la Fortaleza de Akershus, un complejo militar medieval, estratégicamente situado a orillas del fiordo, y que actualmente sigue funcionando para fines castrenses.


No muy lejos de allí vimos algo que no habíamos visto todavía en ningún viaje. En una pequeña calle, alguno de los puestos de aparcamiento estaban reservados a coches eléctricos, y disponían de un centro de carga al lado. Y es que, algo de lo que nos dimos cuenta a lo largo del viaje es el profundo compromiso de los noruegos con la sostenibilidad energética y el medio ambiente, algo que sin duda debería ser exportado al resto de países.


Por fin alcanzamos el pequeño museo de Arquitectura, un lugar muy interactivo y didáctico, claramente enfocado a recibir visitas de estudiantes. Pasamos un buen rato creando maquetas a partir de cientos de piezas de madera, pero quizá esperábamos algo más de este lugar.


El Palacio Real es todavía hoy la residencia de la familia real noruega

Para concluir el tour por el barrio de Sentrum, fuimos a dar un paseo por el Parque del Castillo, atravesando la enorme explanada central que permite ver en todo momento, en lo alto de la pequeña colina, el Palacio Real, un edificio de estilo neoclásico que todavía hoy es la residencia de la familia real noruega.


ÓPERA DE OSLO


Quizá el lugar más popular de la capital noruega es su Ópera, obra del estudio de arquitectura Snøhetta, por le que obtuvieron el premio Mies van der Rohe en 2009, justo dos años después de que lo obtuviera el MUSAC de León, que vimos en nuestro viaje por el norte de España. La Ópera simula un témpano que sale del agua, y está magníficamente ubicada en un entrante del fiordo, de manera que es visible desde casi todos los puntos de su alrededor.


La Ópera de Oslo es el edificio más emblemático de la ciudad

Lo primero que hicimos cuando llegamos al edificio fue recorrer su sugerente exterior, construido íntegramente en mármol blanco, formando un ángulo descendente hacia el agua, como si el edificio hubiera surgido de repente del fondo del mar. Desde allí vimos la escultura She Lies, de Monica Monvicini. Esta estructura de vidrio y acero parece flotar sobre el agua frente al edificio de la Ópera.


Una vez habíamos descubierto cada rincón del exterior, nos decidimos a entrar y quedarnos perplejos al ver la calidez que proporciona el uso de la madera en el interior, en contraste con la frialdad del entorno. Hicimos el tour de 50 minutos por los puntos más relevantes de la Ópera, por un precio bastante asequible para lo que suele ser Oslo, unas 120Kr, que al cambio estarían en torno a los 12€ por persona.


El interior de la Ópera de Oslo

A escasos metros de allí nos encontramos con el Proyecto Barcode, una fila de edificios de gran altura y modernas formas frente al fiordo. Este proyecto ha generado controversia entre los habitantes de Oslo, ya que en cierto modo supone una barrera entre la ciudad y el mar, rompiendo un poco con ese carácter de la capital noruega. Sin embargo, los edificios nos parecieron elegantes, no excesivamente altos para lo que estamos acostumbrados, y bien equipados con espacios abiertos en sus alrededores.


A poco más de 10 minutos caminando desde el Barcode se encontraba nuestro Airbnb, situado en una zona muy tranquila de la calle Schweigaards, no muy lejos de la Vålerenga Kirke, una iglesia ubicada en el centro de una enorme plaza de hierba. En este viaje hicimos mucha vida en el Airbnb, ya que como hemos comentado, los precios de los restaurantes eran realmente prohibitivos, de modo que casi todas las comidas las preparamos en casa, tras pasar por el supermercado, que tampoco era especialmente barato.


Una de los aspectos que más nos llamó la atención de Noruega fue el horario de venta de alcohol, que queda prohibida a partir de las 20 horas entre semana y a partir de las 18 horas los fines de semana. Eso nos obligó a buscarnos un poco la vida para poder tomar unas cervezas, y acudir al barrio de Grünerløkka, quizá el más de moda entre los jóvenes de Oslo, y encontrar algún pub en el que sirvieran alcohol a precios algo más razonables que en el resto de locales de la ciudad.


PENÍNSULA DE BYGDOY


Como hemos comentado, uno de los puntos que no hay que perderse de Oslo es la Península de Bygdøy, un lugar lleno de museos en el que aprendimos mucho sobre el país nórdico. Pero este barrio no es sólo un lugar turístico, también posee las playas más bellas de Oslo, aunque ni nos imaginamos lo fría que debe estar ese agua, y es además una zona residencial con algunos edificios que nos llamaron mucho la atención por su moderna arquitectura.


El Museo Folklórico Noruego es una preciosa exposición de más de 150 casas

Sin embargo, lo que realmente nos llevó allí fue el interés por la cultura tradicional noruega y vikinga, así que nos decidimos por visitar el Museo de los Barcos Vikingos y el Museo Folklórico Noruego. En el primero de ellos fue alucinante poder admirar las enormes embarcaciones que estos habitantes nórdicos eran capaces de construir con troncos de madera de roble.


En el Museo Folklórico viven algunos animales típicos de Noruega

Pero fue el segundo el que más nos impresionó. El recorrido al aire libre por las más de 150 edificaciones, que replican tanto casas como edificios públicos de diferentes épocas y regiones de Noruega, fue una forma perfecta para empaparse de la forma de vida de este pueblo, tan influenciado por su cercanía al mar, por su adversa climatología y por una pasión irrefrenable por la preservación de la naturaleza.


El área que recrea las construcciones más antiguas está muy bien ambientada, incluso con los animales que solían vivir en los fríos y frondosos prados noruegos, y cuenta con una preciosa reproducción de una iglesia construida íntegramente en madera.


Un museo en el que las horas se nos pasaron volando y en el que disfrutamos muchísimo.


MUSEO NACIONAL DE ARTE, ARQUITECTURA Y DISEÑO


El Museo Nacional de Arte, Arquitectura y Diseño es fruto de la fusión de varios museos de Oslo, entre los que se encuentra el Museo de Arquitectura, del que ya hemos hablado, el Museo de Artes Decorativas y Diseño o la Galería Nacional.


Aunque no somos unos grandes expertos en pintura, la Galería Nacional, actualmente en proceso de remodelación con el objetivo de integrar varios museos en un moderno complejo, fue una de las visitas que más nos atraía, principalmente porque no queríamos irnos de Oslo sin visitar el mayor exponente de la pintura noruega, el famoso cuadro de Edvard Munch "El grito".


El Museo de Artes Decorativas y Diseño

Pero si algo nos dejó completamente sorprendidos fue la ingente colección de objetos decorativos y de diseño que pudimos ver en el Museo de Artes Decorativas y Diseño. Ya hemos comentado que los países nórdicos son un referente en el mundo del diseño y la decoración de interiores, sin embargo, lo que vimos allí superó todas nuestras expectativas, ya que la colección incluía piezas originales de casi cualquier diseñador o arquitecto internacional que pudiéramos imaginar. Pudimos ver mobiliario de Jacobsen, Alvar Aalto, Verner Panton, Saarinen, el matrimonio Eames, le Corbusier, Jean Prouvé y un larguísimo etcétera. Nos recordó mucho al museo del mismo tipo que vimos en Milán.


Esta exposición volverá a estar abierta al público una vez el nuevo edificio de la Galería Nacional abra sus puertas en 2020.


ALREDEDORES DE OSLO


El salto de esquí de Holmenkollen

A poca distancia de la capital noruega había un par de lugares que no queríamos perder la oportunidad de conocer. El primero de ellos está situado en Holmenkollen, y el el salto de esquí de Holmenkollbakken, una gigantesca estructura con capacidad para 70.000 espectadores que fue inaugurada en 1892. Adjunto al salto hay un interesante museo del esquí, donde aprendimos de la visión que se tiene en el norte de Europa sobre este deporte, que incluso tiene una modalidad llamada esquí nórdico o esquí de fondo, bastante desconocida para nosotros. Allí lo pasamos en grande tratando de mantener el equilibrio sobre unas tablas de snowboard instaladas sobre una plataforma móvil.


Por último, y como colofón del viaje, decidimos subir a la colina Ekerberg, donde se encuentra el parque del mismo nombre. Este lugar es un museo al aire libre, repleto de esculturas de autores tan reconocidos como Dalí o Rodin y que, según se cuenta, inspiró a Munch a pintar el mencionado cuadro de "El Grito". Tras recorrer las esculturas, encontramos un punto mágico, un lugar desde el que la panorámica de Oslo y del fiordo era magnífica.


Oslo tieme muchos parques desde los que las vistas de la ciudad son espectaculares

Allí nos quedamos un rato, contemplando desde la distancia todos los lugares que habíamos visitado en esos intensos tres días, y reflexionando sobre las evidentes diferencias culturales que habíamos encontrado en Oslo respecto a las ciudades del sur de Europa. Fue un viaje de auténtico aprendizaje y descubrimiento.


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