Berna, aroma a ciudad medieval en Suiza

Berna apareció en nuestros planes viajeros casi por casualidad. Dentro de nuestro road trip alrededor de los Alpes, teníamos previsto inicialmente parar en Zürich, sin embargo unos días antes pensamos que nos apetecía otro tipo de ciudad y fue entonces cuando Berna llamó a nuestra puerta.

Nos encantó el centro de Berna
Nos encantó el centro de Berna

Las expectativas eran altas, ya que el centro histórico de la capital suiza, bañado por el río Aar, está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Lo que nos encontramos estuvo a la altura. Berna es una ciudad encantadora, perfecta para recorrerla a pie, llena de cultura, edificios medievales, tiendas artesanales, tranvías y preciosas plazas.

Berna tiene casas preciosas con vistas al río Aar
Berna tiene casas preciosas con vistas al río Aar

Llegamos allí bien entrada la noche tras varias horas de trayecto en coche y varios atascos en los alrededores de Zürich, y lo primero que nos ofreció Berna fue un intenso aguacero. Menos mal que nuestro alojamiento, el Bern Backpackers Hotel Glocke, ubicado en pleno centro, disponía de un aparcamiento temporal para descarga.


Cuando por fin amainó un poco el temporal, nos comimos los sándwiches que habíamos preparado por la mañana y salimos en busca de un local donde tomar algo. Encontramos On Tap Craftgallery, una agradable cervecería escondida al otro lado de una de las típicas compuertas de madera de los sótanos berneses. Por un momento tuvimos la sensación de estar accediendo a un bar clandestino o un bunker. Antiguamente estos espacios se utilizaban como bodegas, pero hoy en día se utilizan como vinotecas, teatros alternativos, pubs o restaurantes sofisticados.

Así se accede a muchos de los locales comerciales de Berna
Así se accede a muchos de los locales comerciales de Berna

La mañana siguiente arrancó bien fría, algo que no nos sorprendió demasiado teniendo en cuenta que estábamos en Suiza en pleno noviembre. Pero eso no nos frenó en nuestras ganas de conocer la ciudad.


Aprovechando que el hostel puso a nuestra disposición un billete de transporte público para todo el día, arrancamos subiéndonos a un autobús y acercándonos al Rosengarten, un jardín repleto de rosales que, siendo honestos, en otoño no estaba en su máximo esplendor. Sin embargo, las vistas a la ciudad y al meandro del río Aar desde la terraza del jardín son preciosas.


Bajamos por la calle Aargauerstalden, de nuevo en dirección al centro, pero parando cada pocos metros, ya que la panorámica de Berna continuaba siendo magnífica. En pocos pasos llegamos de nuevo al Nydeggbrücke, que conecta la ciudad antigua con la nueva. Cruzando el puente pudimos disfrutar de la belleza de las cuidadas casas que dan directamente al río.

Las vistas del centro histórico son excepcionales desde la distancia
Las vistas del centro histórico son excepcionales desde la distancia

Justo al lado vimos un cartel que llamó nuestra atención al instante. Era el Bärengarten (Jardín de los Osos), un lugar que nos tenía reservada una gran sorpresa. Y es que mientras leíamos unos paneles informativos sobre algunos tipos de osos, el animal símbolo de la ciudad, oímos un fuerte rugido.

Menuda sorpresa nos llevamos cuando vimos un oso en medio de la ciudad
Menuda sorpresa nos llevamos cuando vimos un oso en medio de la ciudad

Nos asomamos y ahí estaba, un oso gigante en medio del parque. Nos quedamos boquiabiertos observando el comportamiento de este animal tan precioso y amenazante al mismo tiempo.


En ese momento decidimos darle la vuelta al parque y vigilar a nuestro nuevo amigo desde diferentes puntos de vista.


Cuando regresamos al puente, y teniendo en cuenta que todavía hacía bastante frío a esa hora de la mañana, pensamos que era buena idea subir de nuevo a un bus y dirigirnos a las afueras de la ciudad.

El Paul Klee Zentrum realmente merece la pena
El Paul Klee Zentrum realmente merece la pena

Allí queríamos ver el Zentrum Paul Klee, un edificio de metal y cristal diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano para albergar un museo dedicado al célebre artista suizo.


Nos encantó la forma en que el museo está integrado en el entorno gracias a sus formas onduladas, simulando los desniveles del terreno, y sus techos cubiertos de hierba, un elemento esencial en la naturaleza de Suiza, ya que todo el país está cubierto de prados en los que pastan a sus anchas vacas y otros animales.


Renzo Piano tomó del artista la ligereza, el sentido de pertenencia y la luz. Las tres olas que se alzan desde y hacia el terreno parecen más un trabajo topográfico que una metodología arquitectónica. El diseño es expresivo y sutil, sensual en sus líneas.

El edificio de Renzo Piano está perfectamente integrado
El edificio de Renzo Piano está perfectamente integrado

Paseamos alrededor del edificio, por un inmenso jardín decorado con esculturas. Justo cuando ya íbamos a dirigirnos hacia la salida, un pequeño y coqueto cementerio lleno de hojas amarillas recién caídas captó nuestras miradas. Fue una gran suerte, ya que nada más adentrarnos en él descubrimos la tumba del mencionado Paul Klee, cuyos restos descansan junto a un interesante panel que explica brevemente su biografía y relación con Berna.

El acceso a la tumba de Paul Klee no puede ser más evocador
El acceso a la tumba de Paul Klee no puede ser más evocador

Justo al lado nos entretuvimos subiendo a lo más alto de Luft-Station, un jardín en espiral coronado por un bonito árbol. Desde arriba pudimos contemplar la parte trasera del museo, que se mimetizaba con la hierba de su cubierta.


Tomamos el bus de vuelta hacia el centro, por fin con la intención de descubrir el centro medieval de Berna.


Comenzamos la ruta por la parte antigua con una visita al Berner Rathaus, el ayuntamiento de la ciudad, construido en el siglo XIV en estilo gótico tardío. Pero lo que más nos sorprendió en la plaza fue la decoración con banderitas españolas, y es que en uno de los bajos comerciales hay una tienda de productos de nuestro país.


Más o menos a la misma altura pero en el límite sur de la ciudad se encuentra la Catedral de San Vicente, el edificio religioso más importante de Berna.

¡Vaya viento hacía en la terraza junto a la Catedral de Berna!
¡Vaya viento hacía en la terraza junto a la Catedral de Berna!

Le dimos la vuelta observando sus detalles góticos, pero no nos detuvimos mucho, ya que lo que verdaderamente nos atrajo fue la terraza ajardinada adjunta al templo. La llamada Münsterplattform ofrece excelentes vistas hacia la vertiente sur del río Aar, así como a los jardines de las casas ubicadas justo en el borde del río.

Sin duda, Kramgasse es la calle más bonita de Berna
Sin duda, Kramgasse es la calle más bonita de Berna

Tras pasear por esta plataforma decorada con dos bonitas pagodas, buscamos refugiarnos del fuerte viento que soplaba, así que regresamos a la que posiblemente sea la calle más bonita de Berna.


Atravesamos la Kramgasse de punta a punta, deteniéndonos frente a cada una de las fuentes que la decoran, observando con detenimiento los cuidados escaparates de las tiendas que se refugian del frío bajo los soportales.


Imaginamos como en épocas pasadas estas fuentes servían como lugares de reunión de los ciudadanas y ciudadanos que iban allí a recoger agua, mientras otros se acercaban a las coquetas boutiques que hoy en día mantienen su estética y preservan el oficio de relojeros, joyeros, diseñadores de moda, libreros o anticuarios. El magnetismo del casco histórico nos hizo olvidarnos del tiempo perdidos entre sus casi seis kilómetros de arcadas, o Laubengang en alemán.


Se puso a llover justo cuando llegamos a la Torre del Reloj
Se puso a llover justo cuando llegamos a la Torre del Reloj

Al final del paseo, llegamos al Zytgloggeturm, la torre del reloj, que comenzó a construirse a finales del siglo XII, y tras haber sido utilizada para distintos propósitos, incluso como cárcel de mujeres, es en la actualidad uno de los símbolos de la ciudad. El reloj refleja la puntualidad rigurosa que tanta fama da a los suizos.


Además del enorme reloj, cuenta con otro astronómico. Nos quedamos unos segundos observando los dos relojes, hasta que nos dimos cuenta que había comenzado a llover con fuerza.


En ese momento decidimos parar a comer, y por lo que habíamos leído, una de las pocas formas de no pagar un precio exagerado por comer en Suiza es comprar algo para llevar en los supermercados Migros.


Desde luego no debía ser para nada una mala idea, ya que el supermercado estaba a tope de gente eligiendo su menú. Compramos un par de hamburguesas y nos subimos al hostel para comer tranquilamente, lejos del ajetreo que se respiraba en ese momento en la calle.

Después de la tormenta siempre llega la calma
Después de la tormenta siempre llega la calma

Nuestra siguiente parada era la Einsteinhaus, una casa en la que había vivido el célebre científico en su paso por la capital suiza. Sin embargo, cuando íbamos a comprar los tickets nos pareció que no iba a merecer la pena, y cambiamos la visita por una café en el contiguo Einstein Café.


Leyendo algunas opiniones de otros viajeros pensamos que la decisión fue correcta, ya que la mayoría comentaban que la casa estaba llena de muebles que nunca pertenecieron a Einstein, y de una breve explicación de su paso por la ciudad.

Aquí, con mi amigo Albert
Aquí, con mi amigo Albert

A cambio, nos fuimos al Museo de Historia de Berna. Aquí sí pudimos recorrer una relevante exposición sobre la sorprendentemente tardía incorporación de la mujer en la vida política suiza (Suiza fue la última democracia europea en permitir el voto femenino, en 1971).


Pero el plato fuerte fue el completísimo recorrido por la zona del museo dedicada a la vida de Albert Einstein, desde sus primeros años en una escuela de München hasta su paso por Berna o su "exilio" a los Estados Unidos.


La exposición contiene amenas explicaciones sobre las principales teorías del científico alemán, objetos e inventos de su autoría, explicaciones detalladas sobre sus ideas y las diferentes épocas de su vida, tanto personal como profesional, y una escalera de entrada rodeada de espejos que te hacen sentir como si estuvieras en alguna escena de la mítica película Interstellar.

Salimos del Museo de Historia de Berna encantados
Salimos del Museo de Historia de Berna encantados

Salimos maravillados por la notable visita, pero con ganas de volver a la zona alta de la ciudad. Para ello hicimos uso del Marzilibahn, un funicular incluido en el billete diario de transporte público, lo que nos ahorró una buena subida.

Para subir de nuevo al centro de Berna usamos un funicular
Para subir de nuevo al centro de Berna usamos un funicular

El funicular nos dejó prácticamente a los pies del imponente Bundeshaus, el Palacio Federeal de Suiza, sede del gobierno.


A veces las cosas salen bien sin planearlo; el caso es que nos encontramos allí, junto a un bonito edificio, apurando las últimas horas de un día en el que las nubes habían dado una tregua dejando paso al sol, y frente a nosotros, desde la balaustrada de la Bundesterrasse pudimos observar en la distancia como los últimos rayos de sol iluminaban los preciosos picos nevados de los Alpes, entre ellos el Jungfrau, ubicado a más de 60 kilómetros de nuestra posición.

Ver las montañas de los Alpes iluminadas no tiene precio
Ver las montañas de los Alpes iluminadas no tiene precio

Fue un momento mágico en el que el tiempo se detuvo para nosotros y no pudimos separar nuestra vista de las montañas.

Poco a poco fue cayendo la luz sobre los enormes picos alpinos
Poco a poco fue cayendo la luz sobre los enormes picos alpinos

Cuando el espectáculo natural tocó a su fin, nos dimos la vuelta y, por fin caminamos hacia la Bundesplatz, una amplia plaza flanqueda por los edificios civiles más emblemáticos de Berna, como el mencionado Palacio Federal o el Banco Nacional Suizo.

La Bundesplatz es una de las plazas más bonitas de Berna
La Bundesplatz es una de las plazas más bonitas de Berna

Sin darnos cuenta se había hecho completamente de noche, y lo que nos apetecía era pararnos a tomar una cerveza. Y lo hicimos en Altes Tramdepot, una antigua estación de tranvía reconvertida en una enorme cervecería.


Allí, frente a una exquisita cerveza de trigo, reflexionamos sobre lo mucho que nos había gustado Berna, una ciudad a la que habíamos acudido casi de casualidad, pero que nos había tratado genial.


A la mañana siguiente pusimos rumbo a Lyon, la siguiente parada de nuestro road trip, pero antes hicimos un breve alto en el camino en el centro comercial Westside, obra del arquitecto Daniel Libeskind.


Además de ver el edificio por dentro y por fuera con ojos críticos, aprovechamos para comprar el desayuno, ya que teníamos unas cuantas horas de coche por delante.


A veces un destino inesperado nos ofrece una ciudad que no te agobia, silenciosa y reservada, pero llena de personalidad, cuya discreción te permite conectar con su esencia medieval y que ha mantenido durante siglos la coherencia de su arquitectura.


A continuación tienes el mapa con los mejores lugares que visitar en Berna:

 

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